jueves, 30 de agosto de 2018

Los genocidios de la Patagonia, Tierra del Fuego.

El genocidio es un delito internacional clasificado dentro del género crímenes contra la humanidad. Se entiende por genocidio cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial, religioso o político como tal con algún propósito particular. Estos actos comprenden la muerte y lesión a la integridad física o moral de los miembros del grupo, el exterminio o la adopción de medidas destinadas a impedir los nacimientos en el grupo. Según el sociólogo e historiador Michael Mann el "genocidio" es el grado más extremo de violencia intergrupal y de los procesos de limpieza étnica.
Esa definición es similar a la reflejada en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948, y recogida en el Estatuto de la Corte Penal Internacional, de 1998, pero es objeto de cierta polémica en tanto a los grupos y a las acciones infligidas como a las causas por las que se llevan a cabo.
La palabra genocidio fue creada por Raphael Lemkin, judío de Polonia, en 1944, de las raíces genos (término griego que significa familia, tribu o raza) y -cidio (del latín -cidere, forma combinatoria de caedere, matar). Lemkin quería referirse con este término a las matanzas por motivos raciales, nacionales o religiosos. Su estudio se basó en el Genocidio perpetrado por el estado turco contra el pueblo armenio en 1915. Luchó para que las normas internacionales definiesen y prohibiesen el genocidio. De esta manera se introdujo para los grupos colectivos (nacionales, étnicos, raciales y religiosos)el concepto de lo que el homocidio es para los individuos, el reconocimiento de su derecho a existir.
El Acuerdo o Carta de Londres de 8 de agosto de 1945, que estableció el Estatuto del Tribunal de Núremberg, definió como "crímenes contra la humanidad" el "asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, o persecución por motivos religiosos, raciales o políticos, cuando dichos actos o persecuciones se hacen en conexión con cualquier crimen contra la paz o en cualquier crimen de guerra".
En 1946, la Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó los principios de Derecho internacional reconocidos por el Estatuto del Tribunal y proclamó la resolución 96 (I) sobre el crimen de genocidio, que define como "una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros", entre ellos los "raciales, religiosos o políticos", instando a tomar las medidas necesarias para la prevención y sanción de este crimen.
Esta resolución cristalizó en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 260 A (III), de 9 de diciembre de 1948.
La definición de genocidio plasmada en la Convención de 1948 ha sido acogida en el artículo 4 del Estatuto del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, de 1993, el artículo 2 del Estatuto del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, de 1994, y el artículo 6 del Estatuto de Roma de 1998, por el que se creó la Corte Penal Internacional.

domingo, 19 de agosto de 2018

Día Del Niño / De La Niña (por Eduardo Galeano)

Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.
Los de arriba, los de abajo y los del medio En el océano del desamparo, se alzan las islas del privilegio. Son lujosos campos de concentración, donde los poderosos sólo se encuentran con los poderosos y jamás pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunas de las grandes ciudades latinoamericanas, los secuestros se han hecho costumbre, y los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y de guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de seguridad. Los niños ricos viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista, su ciudad. Descubren el subterráneo en París o en Nueva York, pero jamás lo usan en San Pablo o en la capital de México.
Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido este vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y envidiosa. En plena era de la globalización, los niños ya no pertenecen a ningún lugar, pero los que menos lugar tienen son los que más cosas tienen: ellos crecen sin raíces, despojados de la identidad cultural, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es un peligro. Su patria está en las marcas de prestigio universal, que distinguen sus ropas y todo lo que usan, y su lenguaje es el lenguaje de los códigos electrónicos internacionales. En las ciudades más diversas, y en los más distantes lugares del mundo, los hijos del privilegio se parecen entre sí, en sus costumbres y en sus tendencias, como entre sí se parecen los shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que sólo existe para ser temida o para ser comprada.
Fast food, fast cars, fast life: desde que nacen, los niños ricos son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las máquinas son más dignas de confianza que las personas. Cuando llegue la hora del ritual de iniciación, les será ofrendada su primera coraza todo terreno, con tracción a cuatro ruedas. Durante los años de la espera, ellos se lanzan a toda velocidad a las autopistas cibernéticas y confirman su identidad devorando imágenes y mercancías, haciendo zapping y haciendo shopping. Los ciberniños navegan por el ciberespacio con la misma soltura con que los niños abandonados deambulan por las calles de las ciudades.
Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando gasolina o pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo amenazan a los niños de la calle.
En América latina, los niños y los adolescentes suman casi la mitad de la población total. La mitad de esa mitad vive en la miseria. Sobrevivientes: en América latina mueren cien niños, cada hora, por hambre o enfermedad curable, pero hay cada vez más niños pobres en las calles y en los campos de esta región que fabrica pobres y prohíbe la pobreza. Niños son, en su mayoría, los pobres; y pobres son, en su mayoría, los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.
Esos niños, hijos de gente que trabaja salteado o que no tiene trabajo ni lugar en el mundo, están obligados, desde muy temprano, a vivir al servicio de cualquier actividad ganapán, deslomándose a cambio de la comida, o de poco más, todo a lo largo y a lo ancho del mapa del mundo. Después de aprender a caminar, aprenden cuáles son las recompensas que se otorgan a los pobres que se portan bien: ellos, y ellas, son la mano de obra gratuita de los talleres, las tiendas y las cantinas caseras, o son la mano de obra a precio de ganga de las industrias de exportación que fabrican ropa deportiva para las grandes empresas multinacionales. Trabajan en las faenas agrícolas o en los trajines urbanos, o trabajan en su casa, al servicio de quien allá mande. Son esclavitos o esclavitas de la economía familiar o del sector informal de la economía globalizada, donde ocupan el escalón más bajo de la población activa al servicio del mercado mundial:
En los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java, buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindibles por su corta estatura y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos; cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas; se envenenan con los pesticidas en las plantaciones de algodón de Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen la leche de los árboles del caucho, en jornadas de trabajo que se extienden de estrella a estrella; tienden vías de ferrocarril en Birmania; al norte de la India se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos; en Bangladesh, desempeñan más de trescientas ocupaciones diferentes, con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada por cada día de nunca acabar; corren carreras de camellos para los emires árabes y son jinetes pastores en las estancias del río de la Plata; en Port-au-Prince, Colombo, Jakarta o Recife sirven la mesa del amo, a cambio del derecho de comer lo que de la mesa cae; venden fruta en los mercados de Bogotá y venden chicles en los autobuses de San Pablo; limpian parabrisas en las esquinas de Lima, Quito o San Salvador; lustran zapatos en las calles de Caracas o Guanajuato; cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos de fútbol en Vietnam; cosen pelotas de fútbol en Pakistán y pelotas de béisbol en Honduras y Haití; para pagar las deudas de sus padres, recogen té o tabaco en las plantaciones de Sri Lanka y cosechan jazmines, en Egipto, con destino a la perfumería francesa; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos, preguntan: «¿Es usted mi nuevo amo?»; vendidos a cien dólares por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales o todo trabajo.

Por la fuerza reclutan niños los ejércitos, en algunos lugares de África, Medio Oriente y América Latina. En las guerras, los soldaditos trabajan matando, y sobre todo trabajan muriendo; ellos suman la mitad de las víctimas en las guerras africanas recientes. Con excepción de la guerra, que es cosa de machos según cuenta la tradición y enseña la realidad, en casi todas las demás tareas, los brazos de las niñas resultan tan útiles como los brazos de los niños. Pero el mercado laboral reproduce en las niñas la discriminación que normalmente practica contra las mujeres: ellas, las niñas, siempre ganan menos que lo poquísimo que ellos, los niños, ganan, cuando algo ganan.
La prostitución es el temprano destino de muchas niñas y, en menor medida, también de unos cuantos niños, en el mundo entero. Por asombroso que parezca, se calcula que hay por lo menos cien mil prostitutas infantiles en los Estados Unidos, según el informe de UNICEF de 1997. Pero es en los burdeles y en las calles del sur del mundo donde trabaja la inmensa mayoría de las víctimas infantiles del comercio sexual. Esta multimillonaria industria, vasta red de traficantes, intermediarios, agentes turísticos y proxenetas, se maneja con escandalosa impunidad. En América latina, no tiene nada de nuevo: la prostitución infantil existe desde que en 1536 se inauguró la primera casa de tolerancia, en Puerto Rico.
Actualmente, medio millón de niñas brasileñas trabajan vendiendo el cuerpo, en beneficio de los adultos que las explotan: tantas como en Tailandia, no tantas como en la India. En algunas playas del mar Caribe, la próspera industria del turismo sexual ofrece niñas vírgenes a quien pueda pagarlas. Cada año aumenta la cantidad de niñas arrojadas al mercado de consumo: según las estimaciones de los organismos internacionales, por lo menos un millón de niñas se incorporan, cada año, a la oferta mundial de cuerpos.
Son incontables los niños pobres que trabajan, en su casa o afuera, para su familia o para quien sea. En su mayoría, trabajan fuera de la ley y fuera de las estadísticas. ¿Y los demás niños pobres? De los demás, son muchos los que sobran. El mercado no los necesita, ni los necesitará jamás. No son rentables, jamás lo serán. Desde el punto de vista del orden establecido, ellos empiezan robando el aire que respiran y después roban todo lo que encuentran. Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas suelen interrumpirles el viaje. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, teme a los niños. La vejez es un fracaso, la infancia es un peligro.
Cada vez hay más y más niños marginados que nacen con tendencia al crimen, al decir de algunos especialistas. Ellos integran el sector más amenazante de los excedentes de población. El niño como peligro público, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de los Congresos Panamericanos del Niño, desde hace ya unos cuantos años. Los niños que vienen del campo a la ciudad, y los niños pobres en general, son de conducta potencialmente antisocial, según nos advierten los Congresos desde 1963. Los gobiernos y algunos expertos en el tema comparten la obsesión por los niños enfermos de violencia, orientados al vicio y a la perdición. Cada niño contiene una posible corriente de El Niño, y es preciso prevenir la devastación que puede provocar. En el primer Congreso Policial Sudamericano, celebrado en Montevideo en 1979, la policía colombiana explicó que «el aumento cada día creciente de la población de menos de dieciocho años, induce a estimar una mayor población POTENCIALMENTE DELINCUENTE». (Mayúsculas en el documento original) En los países latinoamericanos, la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y haciendo trizas el tejido social comunitario.
¿Qué destino tienen los nadies, los dueños de nada, en países donde el derecho de propiedad se está convirtiendo en el único derecho? ¿Y los hijos de los nadies? A muchos, que son cada vez más muchos, el hambre los empuja al robo, a la mendicidad y a la prostitución; y la sociedad de consumo los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto, bandas de desesperados unidos por la certeza de la muerte que espera: según UNICEF, en 1995 había ocho millones de niños abandonados, niños de la calle, en las grandes ciudades latinoamericanas; según la organización Human Rights Watch, en 1993 los escuadrones parapoliciales asesinaron a seis niños por día en Colombia y a cuatro por día en Brasil.
Entre una punta y la otra, el medio. Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden. El miedo del medio: el piso cruje bajo los pies, ya no hay garantías, la estabilidad es inestable, se evaporan los empleos, se desvanece el dinero, llegar a fin de mes es una hazaña.
Bienvenida, la clase de unos de los barrios más miserables de Buenos Aires. La clase media sigue viviendo en estado de impostura, fingiendo que cumple las leyes y que cree en ellas, y simulando tener más de lo que tiene; pero nunca le ha resultado tan difícil cumplir con esta abnegada tradición. Está la clase media asfixiada por las deudas y paralizada por el pánico, y en el pánico cría a sus hijos. Pánico de vivir, pánico de caer: pánico de perder el trabajo, el auto, la casa, las cosas, pánico de no llegar a tener lo que se debe tener para llegar a ser. En el clamor colectivo por la seguridad pública, amenazada por los monstruos del delito que acecha, la clase media es la que más alto grita. Defiende el orden como si fuera su propietaria, aunque no es más que una inquilina agobiada por el precio del alquiler y la amenaza del desalojo.
Atrapados en las trampas del pánico, los niños de clase media están cada vez más condenados a la humillación del encierro perpetuo. En la ciudad del futuro, que ya está siendo ciudad del presente, los teleniños, vigilados por niñeras electrónicas, contemplarán la calle desde alguna ventana de sus telecasas: la calle prohibida por la violencia o por el pánico a la violencia, la calle donde ocurre el siempre peligroso, y a veces prodigioso, espectáculo de la vida.

domingo, 5 de agosto de 2018

" LAS 13 ROSAS "

5 Agosto 1939. 13 jóvenes mujeres del PCE y sus juventudes UJS, junto a cientos de camaradas, fueron asesinadas por la «justicia» genocida de Franco, después de haber sido torturadas y violadas. Honor revolucionario eterno a las 13 Rosas. Ni olvido ni perdón.

lunes, 2 de julio de 2018

RECHAZO EL ABORTO PORQUE SOY ANARQUISTA | Por Roberto Praga.

El rechazo inicial a las propuestas sobre control de natalidad entre los anarquistas obedece, fundamentalmente, a la influencia de Kropotkin y su creencia en el carácter ilimitado de los recursos naturales.
Montseny, aunque no intentó boicotear la legalización del aborto, siem­pre se manifestó contraria a su práctica y defensora -como su padre, Federico Urales (Joan Montseny) -de una moral sexual más bien “tradicional”.
Mateo Rello. Solidaridad Obrera. Monográfico Centenario. 2007.
Una de las preocupaciones de los opositores libertarios (y marxistas) del neomalthusianimso, que calificarían la doctrina como reformista, era que, lógicamente, traería al mundo menos proletarios, lo cual haría que la revolución social , que necesitaba la acción de las masas, tendría menos posibilidades de éxito. Tanto algunos socialsitas franceses, como los marxistas Clara Zatkin y Rosa Luxemburg, se oponían al uso de los métodos anticonceptivos y neomalthusianos por esta razón. Lo mismo hizo también uno de los fundadores de la prestigiosa revista anarquista española La revista Blanca, Federico Urales. De esta manera, tanto nacional como internacionalmente, a pesar de las diferencias entre el marxismo y el anarquismo, se erigieron corrientes bastante potentes que marcaban sus diferencias con el control de la natalidad del neomalthusianismo.
Richard Cleminson. Anarquismo y sexualidad. Universidad de Cadiz. Cadiz. 2008.
Quiero salir al paso, antes que una campaña millonaria a favor del aborto convenza a los compañeros que ser abortista es ser progresista. Pues no, porque soy de izquierda me opongo al aborto y a su entronización como un valor ya sea en forma abierta o subrepticia. Por la misma razón que los anarquistas no oponemos a todo atentado a la vida: pena de muerte, torturas, hambre, armamentismo, destrucción del entorno natural…
Sostengo que la equiparación de anarquismo con permisividad ante el aborto es, primero, una mentira de hecho y, después, una contradicción absoluta con los valores que toda anarquista debe defender.

Como anarquistas somos por extensión de izquierda, nos reconocemos como socialistas, porque defendemos, sin reservas ni dilaciones, la socialización de los medios de producción, porque luchamos contra cualquier explotación del hombre por el hombre, del imperialismo sobre los pueblos. Pero también porque defendemos la vida humana como valor supremo, porque sostenemos que nadie, en nombre de nada, puede suprimirla. Y creemos que precisamente encontrar pretextos y argumentos para suprimir vidas humanas es un signo distintivo de en lo político de la derecha y en lo filosófico de todos aquellos que defienden el principio de autoridad.
Es una falacia la equiparación anarquismo = aborto. Y es también, más aún, una enorme contradicción. Hay vida, y vida humana personal en el óvulo fecundado que anida en la madre. Y se destroza una vida humana – casi siempre con procedimientos de una horrible crueldad para el feto humano que siente- al destruirle.
El feto NO es parte del cuerpo de la madre, NO es un órgano, NO es una glándula, NO es una secreción. Es un ser humano distinto.
Y como tal ser humano tiene sus derechos: tanto como los ancianos, como los minusválidos, los subnormales, los incurables, lo “antisociales”, todos aquellos a los que la permisión del aborto pone en la lista de los futuros condenados, porque no se les va a considerar personas humanas con derecho a la vida, sino partes molestas de una sociedad que no les desea.
No conozco una afirmación más reaccionaria – contra todo lo que se diga- que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo.
Y es una vergüenza para los anarquistas levantar la bandera de ese pretendido derecho. Y más aún, que se deje a la derecha económica y clerical que monopolice la oposición al mismo, a sabiendas que ellos no tienen ninguna sensibilidad ni por el no nacido, ni por nada.

Es necesario que nos planteemos con valentía y rigor de una vez ese tema en el anarquismo: la vida humana es un valor supremo desde su comienzo, tras la concepción. Y a partir de esta afirmación tenemos que desarrollar una acción coherente contra el hecho real del aborto.
Los anarquistas no debemos aceptar que el vientre de la madre “sea el lugar más peligroso del mundo para el hijo”. Debemos hacer que sea el lugar que la naturaleza ha hecho que sea: el lugar más protegido. Y que la sociedad entera lo sea también, para la madre y para los niños, antes y después de nacer.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados del moderno “progresismo”. Hoy es casi inconcebible un izquierdista antiabortista. Para los mortícolas, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado. Para los luchadores sociales de mediados del siglo 19, ser progresista respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después se añadió a la agenda la defensa de la naturaleza. Pero surgió el problema del aborto y, ante él, toda la izquierda incluido el anarquismo vaciló.
Los anarquistas siempre supimos que el débil era el obrero, frente al patrono, el niño frente al adulto, el indio frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el antiguo anarquista, eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario anarquista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejor su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante.
Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el anarquismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del cholo, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada.
Porque si el anarquismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social… ¿qué pinto yo aquí?. Porque para estos anarquistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.
Al parecer, denunciar la condición criminal del aborto constituye un síntoma de adhesión a la “derecha reaccionaria”; lo progresista es acatar la barbarie, bendecirla o al menos transigir pudorosamente con ella, como si la barbarie fuese algo que no nos atañe, como si el aire que respiramos no estuviese infectado con sus miasmas.
Pensaba que podía escribir un alegato antiabortista remitiéndome a información científica tan especializada y técnica que fuese inapelable. Lamentablemente no puedo. Todo esto viene a cuento porque hace algunos meses en una conversación muy causal sobre el tema del aborto el compañero Jesús Cossio me respondió entre cínico y displicente que los antiabortistas sólo tenían argumentos seudo morales o moralistas para oponerse a este derecho. En ese momento no supe que responder, pero ahora respondo desde aquí y quisiera que alguien me explicase con argumentos morales por qué condenar el aborto constituye un ademán reaccionario. Y que me explicara también por qué la defensa de la muerte, la impía negación del futuro constituye una muestra de progreso.
Si el progreso del hombre se ha cimentado sobre el respeto a la vida, sobre su indeclinable protección, sobre su condición de bien jurídico máximo e intangible, ¿por qué estas consideraciones se soslayan cuando nos enfrentamos al aborto? ¿Qué extraño estado de excepción justifica la abolición de esos ideales de progreso?
Uno sigue pensando que el anarquismo se resume en la vindicación de la vida. Pero los gobernantes, que se llenan la boca invocando el Estado de Derecho y demás paparruchas de boquilla, prefieren esquivar esta ignominia, o, en el colmo de la abyección, la enarbolan como pancarta para captar prosélitos. Ni siquiera haría falta aludir a un sentido trascendente de la vida para condenar el aborto; la mera biología nos enseña que la célula resultante de la concepción incorpora combinaciones genéticas propias. Causa espanto (y explica la índole hipócrita de nuestra enfermedad) comprobar cómo la misma sociedad que se subleva porque unos metaleros matan gallinas en rituales ridículos calla sórdidamente ante el exterminio discreto de tanta vida inerme.
Y causan espanto los circunloquios de cinismo que se emplean para mitigar la repugnancia de este exterminio, como esos estrafalarios “sistemas de plazos” que pretenden establecer la licitud o ilicitud del aborto dependiendo de las semanas de gestación, como si el mayor o menor tamaño del embrión delimitase diversos rangos de crimen; como si matar a un enano fuese más o menos delictivo que matar a alguien de un metro ochenta. Esta misma gente evade el debate cuando se le enfrenta a la tecnología médica que hoy permite mantener con vida a bebes prematuros con 6 o 5 meses de gestados.
Resulta una paradoja hiriente, amén de repulsiva, que precisamente hoy, cuando se promociona la solidaridad a la distancia, hayamos transigido con el aborto. Y, sobre todo, resulta infrahumano, tan infrahumano como caminar a cuatro patas.
El abortismo es la promoción masiva del asesinato de seres humanos en el seno materno apoyada en una trasnochada ideología neomaltusiana y eugenésica y en los pingües negocios de la industria abortera. Desde un falso feminismo se esgrime un derecho de la mujer, que en realidad es otra víctima del aborto, por las secuelas físicas, psíquicas y morales. Cuando el hijo o hija ya ha sido concebido y crece como ser humano, es inhumano invocar la libertad para matarlo. Matar a un ser humano nunca se justifica, máxime a un inocente lleno de vida. Un embrión o un feto humano no es un ser humano en potencia, sino un ser humano con muchas potencias. Y el ser humano no es sino el animal con más potencialidades.
Más que ningún otro tipo de injusticia social las del campo bioético han sido teñidas de un sofisticado entramado de manipulación verbal y mediática que ha hecho pasar por “progresistas” auténticas carnicerías humanas. La historia las juzgará retrógadas. Los organismos internacionales, los Estados, las multinacionales y los grupos sociales que hoy fomentan el abortismo y crímenes similares habrán de pedir perdón, como hoy se pide perdón por el esclavismo racista. De hecho, los “argumentos” de los negreros y de los abortistas son análogos.
Carente de argumentos científicos y éticos, la propaganda abortista y eugenésica se limita a enfocar la libertad de elección sin mencionar a las víctimas y los efectos secundarios, y a falsificar la imagen de los movimientos pro-vida. Elude el debate de fondo ante la opinión pública, a la que bombardea desde sus medios hegemónicos de comunicación hasta en los programas de apariencia banal con planteamientos descaradamente unilaterales. Incluso en congresos mundiales de bioética, que se presentan como plurales, se omite la cuestión del aborto. Los poderosos abortistas consideran consolidada su causa y prefieren evitar el debate. No obstante, insisten en que se globalice la declaración del aborto como un derecho humano para imponer sin discusión la libertad empresarial del aborto en todo el mundo.
En el mundo han sido innumerables veces regímenes de derecha, supercapitalistas, los que han legalizado el aborto. Han sido hombres como Robert McNamara -el del Vietnam y el Banco Mundial, quienes más han impulsado la aceptación del aborto, los que lo han impuesto como algo conveniente para el dominio del capital multinacional. Hitler lo negó para su “raza” aria, pero lo impuso para los demás bajo su dominio. Por el contrario hay vida en el óvulo fecundado.

viernes, 29 de junio de 2018

CREACIÓN DE FORJA | Sábado, 29 de junio de 1935 - Buenos Aires, Argentina.

Afiche de FORJA convocando a un acto en Buenos Aires.
Un importante grupo de jóvenes en su gran mayoría pertenecientes a la Unión Cívica Radical crean la agrupación política FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). Esta agrupación no tuvo participación directa de la vida partidaria de la UCR, la que se encontraba debatiendo el levantamiento de la abstención electoral impuesta en 1931 en franca oposición al sistema fraudulento que se había implantado en la argentina desde el golpe de estado al presidente Dr. Hipólito Yrigoyen.
La actividad de FORJA, creada con el fin de impulsar una postura política "yrigoyenista" que realizara una dura crítica de los gobiernos que asumieron el poder a partir del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, consistió fundamentalmente en la realización de investigaciones político - sociales que se publicaban mediante cuadernos, conferencias, actos callejeros y debates que se realizaban en su famoso sótano ubicado en Lavalle 1725 de la ciudad de Buenos Aires.
Por las filas de FORJA pasaron algunos de los más destacados intelectuales y pensadores argentinos de la época entre los que se destacaban Gabriel del Mazo, Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Raúl Scalabrini Ortiz y Homero Manzi, entre otros tantos. 
En 1945 tras el llamado a elecciones generales, que se realizarían el 24 de Febrero de 1946, FORJA se disuelve con el anunció que sus objetivos se habían satisfecho. Algunos de sus integrantes deciden apoyar la candidatura de Perón.
"Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre"
Lema de FORJA (1935-1945)

miércoles, 20 de junio de 2018

¿Por qué y cómo celebramos el Wiñoy Tripantu o We Tripantu? Por: Comunidad Autónoma Temucuicui.

Cuentan nuestros ancianos que nuestros antepasados se plantearon el descubrir y comprender los fenómenos y acontecimientos físicos que ocurren cada cierto tiempo en el universo y en la naturaleza. Uno de ellos fue el percatarse que existe un momento durante el cual el avance de la noche alcanza su máxima extensión. A partir de esa noche se produce un proceso inverso, es decir, los días se hacen más largos y las noches comienzan a disminuir. Esto, los antiguos lo llamaron Kiñe Pun Trekan Alka (la noche avanza a paso de gallo). A este punto cúlmine en la transformación del tiempo lo denominaron WIÑOY TRIPAN ANTU o WE TRIPANTU, esto ocurre en el tiempo de Pukem(invierno) para todos los que vivimos en este lugar del planeta, más allá de nuestro origen.
La ciencia ancestral mapuche llegó a determinar la fecha del We Tripantu guiándose por la observación de los fenómenos que ocurren en el universo, uno de ellos es la visión de un grupo de estrellas denominadas Gul Poñy -montón de papas o la gallina con sus pollitos (las Pléyades)- que en esa determinada noche se puede ver más cerca de la tierra. También influye en cambio de Kuyen (la luna) a la que se le atribuye la renovación de las fuerzas de las aguas. Otro elemento que influye es la presencia del Wunelfe , lucero del amanecer al cual se le atribuye la renovación de la flora, es decir de plantas y árboles que muestran sus Choyiñ (brotes); y por último, el regreso de Antu (sol) quien renueva el Kimun y Rakiduam del ser mapuche, la gente de la tierra.
La importancia de este momento para la vida mapuche se debe manifestar por medio de diversos ritos ancestrales. Es así como la tarde del día anterior, antes que el sol se ponga en el Lafken Mapu se inician los preparativos instalándose el Anum o Rewe que representa el árbol cósmico de la vida. Los invitados, familiares y amigos se congregan en el lugar de la ceremonia sagrada y con la llegada de la Machi o el Lonko, que tienen el rol de dirigir el ritual del Yeyipun , donde se invoca la intermediación de los ancestros sagrados para que el dueño de la gente y el cosmos Gnemapun, Elchen, Elmapun o Gnechen restablece a la comunicación espiritual con todos los que participan en el rito.
Al anochecer en sus ramadas o alrededor de un Kutral (fogón) se reúnen todos para compartir el Nutram (conversación) de los ancianos y sabios que cuentan hechos de nuestra historia y entregan conocimientos a los niños y jóvenes, también se hace Gulam (consejo) por parte de los Kimche (sabios) donde instruyen para que uno sea Kume Che ( buena gente), Nor Che (ser justo), Newen Che ( tener fuerza interior) y Kimche (sabio). Durante la noche se hacen Purrum (bailes), Ulkantun (canto) y Auakantun (juegos). Todo ello fortalece el espíritu comunitario y solidario que tiene el pueblo mapuche.
De madrugada, cuando aparecen las Gul Poñy, un grupo de estrellas, se anuncia la llegada del Wiñoy Tripan Antu o We Tripantu y se prepara la ceremonia sagrada del amanecer, el Gnillan Mawun. Luego, cuando aparece el Wunelfe -o lucero del alba- y antes que el sol salga por el horizonte, la gente se baña en el Leufu (río), Inan Lafken (lago) o cualquier lugar donde exista agua, simbolizando estar preparado tanto físicamente como espiritualmente para recibir la llegada del WIÑOY TRIPAN ANTU. El regreso del sol y de la luz trae junto con la renovación de la naturaleza el renacer del pensamiento y sabiduría mapuche.
Durante el día se realizan otros ritos de trascendencia para nosotros los mapuche, como pueblo. Uno de ellos es el Lakutun , que consiste en otorgar al niño o niña un nombre que lo vincule con su Kupalme (origen), dándole su particularidad individual dentro del conjunto. También se realiza el rito del Katan Pilun (perforación de las orejas) donde la niña recibe sus primeros Chaway (aros) y su vestimenta tradicional.
Es necesario anunciar que estos y otros conocimientos se vieron gravemente amenazados. A la luz de la sabiduría originaria siguió la oscuridad de la invasión, la conquista y la evangelización, comienzo de un periodo de sufrimiento dolor y tristeza, transformando el desarrollo de nuestra sociedad y el libre andar de nuestra espiritualidad. Muestra de ello es el santoral que se impuso a la celebración del WIÑOY TRIPAN ANTU, motivo por el cual muchos de nuestros hermanos festejan ese día como “un homenaje a San Juan”, desconociendo la trampa cultural que nos ha envuelto.
A pesar de todos los intentos de exterminio, asimilación y dominación, nuestra memoria histórica está viva Petu Moñeiñ, por que la sabiduría mapuche se expresa en Mapudungun, idioma de nuestro pueblo, es por ello que hemos resistido en la práctica y sentido del WIÑOY TRIPAN ANTU, porque desde aquí desarrollamos y proyectamos nuestra filosofía de vida como parte de un cosmos integral.
EL WIÑOY TRIPAN ANTU o WE TRIPANTU adquiere todo su sentido, coherencia y singularidad como fenómeno cósmico y natural, en tanto ocurre aquí, ese preciso momento, para todos los que habitamos y vivimos en este lugar del planeta, más allá de nuestro origen. Nuestro pueblo, al ser consciente de ello, lo valora y lo convierte en práctica sagrada, lo que nos vuelve parte del lugar. Igual actitud podría ser que asumieran nuestros hermanos no mapuche, para quienes el WIÑOY TRIPAN ANTU constituye una oportunidad de enraizarse según su propia particularidad como gente de la tierra.
La trascendencia del WIÑOY TRIPAN ANTU o WE TRIPANTU es que nosotros como parte de la naturaleza y un cosmos integral nos renovamos en nuestras fuerzas y conocimientos con la esperanza de un futuro mejor, por eso SOMOS EL WIÑOY TRIPAN ANTU.

CHEM ANTA WIÑOY TRIPAN ANTU? INCHIÑ TA WIÑOY TRIPAN ANTU.

viernes, 11 de mayo de 2018

Mugica-Nadra: el diálogo entre católicos y marxistas | Por Alberto Nadra.

Con la ayuda de Dios estaré dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas estén en la Iglesia. 
Carlos Mugica, “Dialogo entre católicos y marxistas”, Buenos Aires, 1965.

Un día como hoy, 11 de mayo de 1974, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) asesinaba al padre Carlos Mugica.

   Nueve años antes, el 18 de octubre de 1965, con apenas 13 años, sin alcanzar a comprender la trascendencia del momento, mezclado en una multitud que parada colmaba el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, escuchaba dos católicos, uno de ellos un joven  sacerdote de 35 años, entonces casi desconocido, el otro un dirigente universitario; y dos marxistas, uno de ellos mi padre, iniciar formalmente en la Argentina el “Dialogo entre católicos y marxistas”.

   Anoche, todavía conmovido por la marea de pañuelos blancos que desbordó masivamente la Plaza de Mayo para repudiar un nuevo intento de impunidad para los genocidas, comencé a ver en las redes los madrugadores recuerdos del sacerdote-mártir, y acudí a un folleto–hoy casi inhallable—que reproduce aquel dialogo entre Carlos Mugica, Guillermo Tedeschi, Juan Rosales y Fernando Nadra, .

   Es impactante la lectura de aquel diálogo, y por su profundidad y contundencia, irreproducible. Pero elijo algunas frases al azar:

CARLOS MUGICA

Antes de comenzar a leer mi breve contribución, quiero decir que siento una gran emoción de estar aquí junto a todos los que me acompañan, así sea porque sencillamente ni son anticomunistas ni son anticristianos, sino que precisamente están luchando en favor de algo para bien de un mundo nuevo, un mundo que todos queremos cambiar para que cada persona realmente pueda vivir como un ser humano y tenga toda la dignidad que merece, precisamente por ser humano.
La Iglesia vive tiempos de renovación y siente cada vez más la necesidad de abrirse a los hombres, de dialogar con ellos. Está en estado de revolución permanente, en función de un ideal futuro y que ya se está realizando ahora. Iniciado el diálogo con las otras religiones, ha llegado el momento de hacerlo tambièn con los hombres no creyentes, especialmente con aquellos que como nosotros los cristianos, desean un mundo nuevo en que haya verdadera paz y justicia para todos los hombres.
Por eso estamos aquí en esta aventura de intentar algo juntos, católicos y marxistas, sin ocultar nada, sin dejar de lado las profundas diferencias que doctrinariamente nos separan.
(…)
Así como nosotros los cristianos comprendemos ahora los valores del marxismo y reconocemos en ellos elementos entrañables de  nuestro cristianismo que más de una vez hemos ignorado, yo le pido a nuestros amigos  marxistas que con toda honestidad revisen su actitud para con los religiosos como ya lo están haciendo muchos despojados de todo sectarismo en las filas de ustedes.
(…)

Voy a decir algunas palabras que quizá me puedan traer inconvenientes, pro no me importa porque yo quiero servir a la verdad y al Evangelio, como creo que todos los que estamos aquí queremos servir a la verdad, y por eso siento en mi conciencia que tengo que decir que ha llegado el momento de que cortemos con una solidaridad que los hombres de la iglesia repudiamos: la solidaridad con el capitalismo y con cierta concepción de la propiedad privada. Con la ayuda de Dios estaré dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas estén en la Iglesia.

Casi inhallable, y con impactante vigencia,  reproduce el
intercambio entre catòlicos (Mugica y Tedeschi)
 y marxistas (Rosales y Nadra)



FERNANDO NADRA

Antes que nada quiero decir, como el Padre Mugica, que siento una profunda emoción.
Tengo dos razones para ello, que quiero exponer previamente: soy, como ustedes, un estudiante, un viejo estudiante si prefieren; he vivido en mis años universitarios las grandes jornadas de la lucha antifascista y ahora me siento cómodo en medio de una juventud tan entusiasta y valerosa; además –como signo de los tiempos—es la primera vez que ocupo la tribuna con amigos católicos, juntos a tantos católicos como los que están aquí, los que, como dijo el Padre Mugica, están dispuestos a tomar en serio el Evangelio y a construir en la tierra ese cielo con el cual tanto han soñado.
(…)
Este mismo diálogo y la lucha en común, por sobre las diferencias, forman parte de un vasto y profundo proceso que se ha reiniciado. Y que tiene sus antecedentes. El Padre Mugica ha citado a Thorez. E hizo bien. Porque el dirigente del Partido Comunista de Francia ya en 1936, formulo la llamada política de “mano tendida”, dirigida a los católicos, con el fin de luchar en común contra el fascismo y la invasión hitleriana.
(…)
Algunos se preguntan si esta unidad, en el diálogo y en la lucha, es solo circunstancial o puede durar mucho tiempo.
Es claro que tenemos un largo período de trabajo en común por delante. Debemos resolver juntos los problemas nacionales, que no son pocos. Debemos contribuir a crear juntos un nuevo tipo de gobierno, auténticamente democrático y popular. Debemos luchar juntos para terminar con la carestía de la vida, la miseria, la súperexplotación, la falta de libertades democráticas para todos; en una palabra debemos poner fin a las lacras sociales de las que habla el Padre Mugica. Juntos tenemos que terminar con la dependencia del imperialismo yanqui,  con las garras asfixiantes del FMI. Es decir, hay mucho que hacer juntos, y todo este trabajo que debemos realizar luchando y dialogando nos ofrece una larga perspectiva de unidad.


Pero, luego, tenemos que construir juntos una sociedad más avanzada y justa, que nosotros llamamos socialismo. Y debemos, entonces, estar unidos. La experiencia nos irá diciendo cuáles son las ideas mejores las que tienen mayor vigencia.

miércoles, 25 de abril de 2018

" Manifiesto del 1º Parlamento de Mujeres Originarias "

Las Mujeres Indígenas de las siguientes Naciones: Ranquel, Guaraní, Abya Guaraní, Mby Guaraní, Zapoteca Aymara, Quechua, Charrúa, Pilagá, Diaguita Calchaquí, Qom, Wichi, Mapuche - Tehuelche, Kolla, Tonocote, Chana presentes en el 1° Parlamento de Mujeres Originarias llevado a cabo los días 21 y 22 de abril en Ensenada provincia de Buenos Aires, Argentina. Hermanadas en nuestros dolores, enrabiadas con tanto despotismo y muerte. Nos fortalecemos reconstruyendo nuestra memoria desde la Tierra, los saberes ancestrales, nuestras cosmovisiones y culturas, nuestras identidades indígenas.
Desde la invasión del Estado a nuestros territorios todos sus intentos genocidas y de exterminio no han podido aniquilarnos ni silenciarnos. Somos mujeres originarias organizadas ante el llamado de la Tierra para resguardar nuestros territorios de las siniestras políticas extractivistas que enferman nuestros cuerpos territorios, depredan nuestra naturaleza, exterminan nuestras naciones, mercantilizan nuestra cultura, cosifican nuestras cosmovisiones.
Nos organizamos para caminar por la libredeterminación de nuestros pueblos. El Estado argentino ya no puede ofrecer reparación alguna, en estos más de 200 años de invasión su conducta ha sido irreparable.
Ha generado la desaparición de ecosistemas y de innumerables naciones originarias, recientemente la desaparición y muerte de miles de personas que por construir una sociedad más justa fueron víctimas de la intolerancia y la crueldad.
La libredeterminación de los pueblos nos propone la posibilidad de construir una nueva matriz civilizatoria, emplazada en los valores del buen vivir como derecho, esto es reconstruir el respeto y la reciprocidad entre los pueblos y para con el resto de la naturaleza, en suma una revolución verdadera.
Es por ello que fue necesario en estos días hacer un diagnóstico de cómo estamos como mujeres indígenas, y hemos hallado lo siguiente:
Dos realidades que diezman nuestra vida y la de los territorios, los femicidios y los feminicidios; el primero, generado por la colonialidad machista que atraviesan nuestros pueblos teniendo como protagonistas muchos de nuestros hombres que se alzan como líderes indígenas; el segundo, se trata de los asesinatos cometidos por las empresas transnacionales saqueadoras y contaminantes que están arremetiendo contra la vida de la tierra y nuestros cuerpos: violándonos, mutilándonos y asesinándonos. Es por ello que nos comprometemos a unir nuestra fuerza y voz para echar de nuestros territorios a estas empresas asesinas. Consientes que no tardará el gobierno criminal en juzgarnos, defendiendo los intereses de los empresarios intentará encarcelarnos o quizá, tildarnos de terroristas.
Declaramos al Modelo Extractivista y a las Políticas Energéticas como crimen de Lesa Naturaleza y denunciamos que estas empresas trasnacionales y de megaproyectos como: la megaminería, el fracking, el avance de las petroleras e hidroeléctricas, el uso de agrotóxicos para monocultivo, .entre otras contaminan, destruyen y saquean nuestros territorios; además de tener vinculación a la red de trata que trafica nuestras niñes y hermanas.
Mientras caminamos el buen vivir como derecho y hacia la libredeterminación de nuestros pueblos necesitamos generar un escenario con garantías legales que nos permitan resguardarnos de la voracidad del capitalismo en todas sus expresiones.
Es por ello que reclamamos la aplicación efectiva de la legislación de derecho indígena nacional e internacional y una justicia acorde a las perspectivas de los pueblos originarios en las problemáticas que nos atraviesan.
Repudiamos la Ley Antiterrorista y exigimos su derogación inmediata. No somos terroristas, somos defensoras de la vida en los territorios.
Manifestamos nuestra solidaridad y apoyo a todas las autoridades espirituales que son perseguidas y encarceladas bajo causas judiciales armadas y de dudosa consistencia, negando el derecho de los Pueblos Indígenas al libre ejercicio de las prácticas espirituales y culturales.
No queremos que los territorios indígenas pasen a ser parte de Parques Nacionales porque tememos que sean posteriormente concesionados a empresas que generan la muerte y privatizan el acceso a esas áreas. Nos pronunciamos a favor de la Propiedad Comunitaria de los Territorios. Alertamos al país de las perversas negociaciones que está llevando adelante el gobierno nacional con el Estado de Israel, para involucrar a soldados israelitas en el supuesto cuidado de las zonas perimetrales de los Parques que se encuentran en zona de frontera, modelo implementado en Chile.
Exigimos el respeto a nuestra autonomía económica, recuperando las actividades productivas en equilibrio con la naturaleza para el desarrollo de nuestras comunidades. La producción y comercialización de nuestros productos como también nuestra medicina tradicional transfronteriza.
Estas economías se ven severamente afectadas por normativas vigentes que cercenan nuestra libertad, ejemplo de ellos son: los programas implementados por el INTA que le adjudica al estado el monopolio de la cría de llamas y vicuñas, prohibiéndole a las comunidades del norte del país la venta del producto que extraen de esos animales. Otra de las actividades económicas visiblemente dañadas es ganadería de caprinos y ovinos en la pequeña producción en las comunidades, ya que las normas de sanidad exigidas por el SENASA exceden las posibilidades del cumplimiento de nuestras comunidades porque requiere una infraestructura tanto para la faena, como para el traslado de la carne, que resulta imposible desde nuestro empobrecimiento resolver.
En suma, el Estado exige una obligación sin formularse un programa que permita el acceso desde las comunidades a cumplirlo, ya que esto implicaría otorgarle el derecho a tener mataderos y frigoríficos comunitarios y camiones refrigeradores para el traslado en la venta de animales de corral, secuestrando la carne faenada, poniendo una serie de exigencias que el estado no contribuye de igual medida en generar las posibilidades de los productores para acceder en el cumplimiento.
Es el caso también de las fibras vegetales y animales para artesanías, la pesca artesanal, el libre intercambio de semillas y su no privatización, entre otras microeconomías que posibilitan de prescindir de los trabajos de explotación.
Denunciamos el asistencialismo político y religioso que valiéndose de nuestra situación de empobrecimiento nos cooptan desvalorizando la autogestión de nuestros recursos.
Hacemos un llamado a todas las mujeres a unirse a la Campaña por un Encuentro Plurinacional de Mujeres donde garanticemos las condiciones para la participación de las hermanas, que se considere traductores para las distintas lenguas, que contemple la espiritualidad.
Somos mujeres indígenas que despertamos, estamos hartas y decimos basta de genocidio sistemático, basta de criminalizar la recuperación de territorio ancestral, basta de violencia institucional, basta de racismo y xenofobia.

jueves, 12 de abril de 2018

¿Los Yámanas fueron los descubridores de las islas?

Teorías con argumentos muy sólidos, abonan que uno de los posibles descubridores de las Islas Malvinas, fueron los Yámanas, aborígenes de origen nómade que vivían en la mitad sur de Tierra del Fuego. Una canoa construida con tronco de un árbol desconocido para esos arrabales, un perro-zorro (hoy extinto) denominado “guará”, una especia que evolucionó de los perros de los Yámanas, una punta de flecha, consolidan la idea de que esta tribu de América del Sur piso por primera vez las islas.

sábado, 24 de marzo de 2018

Moira Millan, desde la puelwillimapu | Esquel Chubut, 24 de marzo del 2018.

Llegué en la madrugada del 24 de Marzo a Esquel. En el camino llovía y neviscaba. Ha sido un largo recorrido de retorno desde Chiapas a Chubut, de la Autonomía rebelde zapatista al bizarro escenario político provincial, en el que sorprendidos y aterrados los chubutenses, descubren que el Gobierno de Das Neves nos dejó en quiebra, algo que nosotros los activistas veníamos denunciado desde hacia rato. En el camino vi pañuelos en el suelo pintados y borrados, sin embargo no pudieron evitar la silueta blanquecina que los contorneaba, y los volvía a mostrar como un símbolo en aquel desolado camino. Pensé en la memoria, en cómo los estados la han manipulado, la han desdibujado, incluso la han intentado borrar, la memoria de un pueblo puede ser muy peligrosa para la gobernabilidad de los tiranos. La memoria es el cofre en donde se guarda la verdad y cuando ese cofre se abre sale disparada ella, vociferando justicia.
Hace años sufriendo un mal de amor fui a ver a una machi para consultarle por la persona amada, ella me respondió: ese hombre tiene corazón de niño, bastaba conocer cómo son los niños para saber cómo iría comportarse ese corazón infantil. Pasó el tiempo y otra vez aquejada por otro amor consulté a la machi y ésta vez, era otra machi la que me miró a los ojos apenada y me dijo: ese hombre tiene corazón cobarde, bastaba con ver sus miedos para saber lo que haría. Me pregunto: ¿cuál será el corazón de Argentina?, porque según nosotros, los mapuches, la estructura de un ser es inalterable, el ladrón será siempre ladrón, el traidor será siempre traidor y el asesino lo será también por siempre. El estado Nación Argentino nació con un corazón genocida. No dudo en intentar eliminar a las naciones originarias que aquí estábamos, a la hora de invadirnos y emplazar su estado. Justificó sus crímenes bajo la escusa de civilización y barbarie. Más tarde su mano asesina empuñaría las armas contra sus propios hijos sensibles, rebeldes y pensantes, los llamaría terroristas y otra vez argumentando justicia en nombre de la patria los mataría por subversivos. Los territorios tienen memoria, y esa crueldad hecha energía, vuelve una y otra vez sino se repara, sólo puede ser reparada con justicia. Hoy nuevamente el estado sale a matar, encarcelar, torturar, reprimir a los disidentes. Pero algo es contundente en la piel de nuestros cuerpos cobrizos, jamás el estado argentino paró su látigo represor contra nosotros, todos los gobiernos sin excepción tienen sangre indígena en sus manos, todos tienen desaparecidos indígenas. Recuerdo mi conversación con la Longko Silvia Ranquehue, hace ya muchos años, quien me contaba como durante la dictadura, los militares se la llevaron al penal de de Viedma, y allí presa por su condición de mapuche, por defender su territorio contra el ejército que pretendía apropiárselo, Conoció a otros tantos pu lamngen mapuches que al igual que ella estaban presos y de los que nunca más volvió a saber, son parte de los desaparecidos indígenas que se chupó la dictadura y de los que nadie habla. Es triste ver que aún no se ha entendido, que para que los 30.000 desaparecidos alcancen justicia, y halla paz, no basta con encarcelar a sus represores, además de castigo para ellos, el motivo de la lucha que los llevó a entregar sus vidas debe recuperarse como un estandarte. Ellos, los que murieron peleando ¿permitirían el racismo con que el estado pretende una vez más aniquilarnos?
El estado descubre su fórmula mágica para destejer la memoria, realza los recuerdos con falsas simbologías, destruye la verdad, establece la mentira, pero los territorios tienen memoria, se emplazan en nuestra alma, nos habitan despertando todos nuestros sentidos, y abren nuestros ojos vendados, nuestras muertas y nuestros muertos, nos hablan al oído y sus palabras fortalecen el corazón, y es ahí cuando tenemos la certeza de que jamás podrán vencernos, que la memoria, la verdad y la justicia no solo es nuestro derecho a repararnos como humanidad sino también nuestra obligación frente a las generaciones que nos precedieron y para las que vendrán, en nuevo tiempo, en un nuevo país, en un mundo como dicen los cumpas zapatistas quepan otros mundos.

sábado, 3 de marzo de 2018

El 4 de marzo de 1923 el Gobierno Argentino cree necesario liberar la tutela civil a las mujeres casadas y evitarla para ciertas cosas a las solteras.

El 4 de marzo de 1923 el Gobierno Argentino cree necesario liberar la tutela civil a las mujeres casadas y evitarla para ciertas cosas a las solteras, reconociéndoles plena capacidad jurídica para comprar y arrendar tierras fiscales. Eran tiempos difíciles para el sexo femenino, donde no tenían ningún tipo de derechos, civiles, no podían ser propietarias, no tenían derecho al voto, y al casarse pasaban de estar bajo la autoridad del padre, para pasar a estar debajo de la autoridad del marido.

miércoles, 21 de febrero de 2018

El día en que Marx se entrevistó con Felipe Varela, por José Pablo Feinnman (resumen)


 "Cierta vez, para ser más preciso, el 10 de abril de 1867, Marx se encontró _ no lejos de un lugar conocido como El Pozo de Vargas, en la provincia de La Rioja_ con el caudillo catamarqueño Felipe Varela. Era mediodía. Un sol insumiso, luctuoso, hería la tierra y hacía del aire una carencia ardiente. Sin embargo, allí, la guerra era un destino a cumplir. En menos de una hora, Varela habría de lanzarse contra las tropas del santiagueño Taboada. Fue entonces cuando Karl Marx arribó al campamento y pidió hablar con el caudillo montonero.
                  Entre alharacas, aspavientos, entre grandes gestos de asombro, se llegaron hasta la tienda de Varela, del coronel Felipe Varela, y le dijeron que de una galera polvorienta acababa de descender un hombre extraño, tan extraño, le dijeron, que era diferente a cuantos habían visto en su vida, porque tenía una levita negra y por eso parecía un doctor de Buenos Aires, pero tenía tanto pelo en la cabeza, tanta patilla, tanto bigote y tanta barba, que esa cabeza semejaba un bosque de pelo, motivo por el cual, dijeron,  si bien por la levita parece un doctor de Buenos Aires, por la cabeza parece el mismísimo general Juan Facundo Quiroga, Dios lo tenga en Su santa gloria, tras lo cual "Que venga" dijo Varela, y casi no fue necesario que lo dijera porque ya estaba ahí el pintoresco personaje, el cual, indiferente a los tumultos que había despertado en el campamento, le dijo al coronel "Me llamo Marx. Karl Marx", y añadió "Soy historiador, economista y doctor en filosofía", y Varela lo miró concienzudamente y preguntó "¿Doctor en qué?, y Marx dijo "En filosofía", y Varela dijo "Ninguno de mis hombres se ha enfermado de eso aún", y Marx lo miró no sin cierta sorpresa pues tenía sus informaciones sobre Varela y lo sabía hombre entendido, de modo que ahora no se sorprendió cuando el coronel le dijo "Vamos, don Marx, ¿cómo no voy a saber yo qué es la filosofía?", y Marx dijo "Me hubiera sorprendido que así no fuera", y añadió "He oído hablar de usted. Y si bien sé que no es un hombre letrado, también sé que está muy lejos de ser un ignorante", y un orgullo cálido, legítimo, se adueñó de Varela, ya que, seguramente pensó, no cualquier gaucho levantisco, no cualquier bárbaro y bandolero, como decía de él la prensa de Buenos Aires, sería capáz de ganarse el respeto de semejante doctorazo, de un hombre como éste que ahora estaba frente a él, de don Carlos Marx nada menos, que andaba cambiando la historia con sus ideas, de modo que así se lo dijo, "Vea don Marx, es un orgullo para mi eso que usted me dice. Y también es un orgullo recibirlo en mi campamento", y Marx dijo "Tenía que venir. Tenía que verlo, coronel", y luego de mirar alrededor, y luego de verificar que esa batalla que era como un destino, que era ya inminente, inexorable, no había empezado aún, añadió "Por lo que veo, no he llegado tarde", y Varela sonrió con una alegría transparente, porque, en verdad, le alegraba tenerlo allí a Carlos Marx, un hombre de luces que se jugaba por la causa de los oprimidos, y también le alegraba que Marx tuviera tantos deseos de presenciar la batalla, su batalla, la del coronel Varela, de modo que, muy orondo, le dijo "No, don Marx, si más a tiempo no ha podido llegar", y señalando con un amplio gesto a todos sus valientes expectantes y en armas, añadió "Vea, mire a esos hombres. Todos saben que están frente a la gloria o la muerte. Pero, créame, don Marx, tanto a la una como a la otra las recibirán con la misma fiereza. Conque tranquilícese, don Marx. No ha llegado tarde. La batalla es inminente. La verá", y Marx movió pesarosamente su gran cabeza y dijo "Eso es lo que no quiero, verla", y fijando sus ojos en los de Varela añadió "No quiero ver esa batalla, coronel", y Varela, claro, se sorprendió y preguntó "¿Cómo? ¿Tan pronto se va a ir? ¿Tantas leguas ha recorrido y ahora no quiere aguardar siquiera una hora?", y Marx, entonces, con un tono muy firme, dijo "Si no quiero ver esa batalla, es porque estoy aquí para impedirla, coronel", y luego, con un tono ya más apagado, casi, diría, con desesperanza, añadió "Si puedo".
            Y ahora fue Varela el que fijó sus ojos en Marx, y hubo en ellos, en esos ojos, un brillo que debía tener algo de la fiereza con la que había dicho que sus hombres esperaban la muerte o la gloria, ya que esos ojos y el brillo que había en ellos impresionaron a Marx, quien lo escuchó decir "¿Quién lo ha enviado, don Marx? ¿Mitre acaso?", y Marx dijo "No, no me ha enviado ese general sanguinario", y con un tono ahora sombrío añadió "Ese general que está tiñendo de sangre los esteron paraguayos", y, sosegado, dijo entonces Varela "Bueno, mejor así. Si no está con Mitre está conmigo", y Marx dijo "Es otra la causa que me trae aquí", y Varela dijo "No hay otra causa en esta tierra. O Mitre o yo. O Buenos Aires o las Provincias", y Marx, remarcando sus palabras, casi silabeándolas para tornarlas más transparentes, más penetrantes, dijo "La causa que me trae aquí es la causa de la Historia", y luego de un instante, como para permitirle a Varela digerir semejante frase, añadió "O para ser más preciso, coronel: estoy aquí para informarle a usted a cerca de la Historia y sus leyes", y entonces Varela se aflojó y, encogiéndose de hombros, dijo "Ah, bueno, si es por eso nomás, podemos tomarnos un amargo entonces. ¿Gusta, don Marx?", y Marx sacudió con energía su cabezota y dijo "No, gracias. Pero ese brevaje que se toman ustedes a mi me revoluciona las tripas", y Varela sonrió, y empezó lentamente a echarle agua al mate, y mientras lo hacía y sin dejar de sonreír, dijo "!Qué don Marx este! Si hasta para hablar de la diarrea menta la revolución".
             Y, ahora, ahí estaban: el ex lugarteniente de Angel Vicente Peñaloza, el militante de la Unión Americana, el guerrero que, en menos de una hora lanzaría sus tropas sobre las del santiagueño Taboada, y el autor del Manifiesto Comunista, de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, el creador del socialismo científico, cuyas leyes, es decir, las leyes que hacían participar  a este socialismo de los rigores de la Ciencia había ido a explicarle al guerrero de Unión Americana, al defensor de la causa del interior, al aliado del Paraguay.
              "De veras me sorprende tenerlo aquí, Me lo hacía terminando el primer tomo de El Capital" dijo Varela, y Marx asintió quedamente y enseguida extrajo de su levita un amplio pañuelo blanco y se secó esa humedad ardorosa que le perlaba la frente y dijo "Ya he terminado ese libro. El primer tomo, como bien dice usted. Ahora estoy escribiendo el prólogo". "Va a ser muy leído ese libro, don Marx", dijo Varela, "Tanto como mi Proclama. O como el Manifiesto del General Felipe Varela a los pueblos americanos que estoy preparando. Créamelo. ¿Y sabe por qué va a ser así?", preguntó Varela, "Porque usted y yo tenemos mucho que decirles a los desdichados de este mundo. A los castigados por esa Civilización desalmada que nos quieren imponer".
               Y Marx volvió a secarse una vez más su frente húmeda y ardorosa y dijo "Coronel, tal como usted lo dice, esa Civilización es desalmada. Pero esa Civilización que usted llama desalmada y que, en efecto, lo es, es, sin embargo, invencible para usted, coronel", dijo Marx, y Varela preguntó "¿Por qué es invencible esa Civilización, don Marx?". "Antes" dijo Marx "de contestarle esa pregunta. Antes de decirle, coronel, por qué, para usted, al menos, esa Civilización es invencible, debo llevar a su conocimiento algunos desgraciados sucesos. Lamento informarle que el día primero de este mes de abril de l867, es decir, hace apenas nueve días, coronel, las tropas de su aliado el cuyano Juan Sáa fueron derrotadas por el coronel mitrista Arredondo en la localidad de San Ignacio", y luego de un silencio que fue como una oración fúnebre dijo Varela "Tal como usted lo ha dicho, don Marx, un desgraciado suceso". "Hay más" dijo Marx. "Los vencedores se ensañaron con los vencidos, coronel. Y los prisioneros fueron degollados", y Varela sonrió amargamente, como si lejos de sorprenderlo, esa noticia no hiciera más que confirmarle la naturaleza perversa y sanguinaria del enemigo que lo enfrentaba, y así lo dijo. "No me sorprende esa saña. Los salvajes unitarios son así, don Marx. Ellos son los bárbaros. Luego de asesinar a quien fuera mi jefe, el valiente general Angel Vicente Peñaloza, le cortaron la cabeza y la exhibieron en una pica. Y ¿sabe usted qué dijo al enterarse del suceso el general Wenceslao Paunero, ese sicario de Mitre? Así es la guerra, no se pueden comer huevos sin romper las cáscaras".
             Y Varela chupó con largueza de su bombilla, y Marx lo miró en silencio, y súbitamente, creyó verlo más flaco, más puro nervio y hueso, y más triste y desamparado también, no obstante lo cual el caudillo se rehizo con una presteza que era, sin duda, la vieja memoria de su viejo orgullo, de su obstinada fiereza de guerrero imbatible, y dijo "Juan Sáa y sus hombres sabían por qué peleaban y habrán sabido morir también. Cuando uno defiende una causa justa la muerte no es una derrota. Ya pueden los salvajes unitarios degollar a miles de los nuestros, no importa, surgirán otros, don Marx, que vengarán toda injusticia, toda crueldad", y Marx, muy firme, dijo "Sí, coronel. Surgirán otros. Y vengarán las injusticias y las crueldades, las de ustedes y las de ellos, pues ellos también las padecerán", y Varela lo miró intrigado, sabiendo que se agitaba algo más en las palabras de Marx, y así, en efecto, era, ya que Marx dijo "Pero esos otros, desde luego, no serán ustedes. No serán gauchos".
             Y Varela alzó su barbilla y niró a Marx casi con altivéz, y preguntó "¿Y qué serán entonces?", "Serán obreros" respondió Marx, y Varela secamente dijo "Aquí no hay obreros, don Marx. Sólo gauchos", y añadió "Obreros hay en Inglaterra. Allí donde usted piensa escribir el prólogo de El Capital. Si aquí hubiera obreros, ¿por qué no habrían de estar peleando a nuestro lado? ¿O son mitristas los obreros, don Marx?, abundó Varela, y Marx meneó su cabezota y alguna sonrisa entre la resignación y la ironía se abrió paso en medio de tanta pelambre y dijo "Sí, coronel, los obreros son mitristas", y tuvo que alzar como un rayo una mano para detener la palabra de Varela, y una vez que hubo conseguido esto, dijo "Déme un par de minutos, coronel. Sé que en menos de una hora tiene una batalla. Pero yo no necesito tanto. Solo le pido un par de minutos", y Varela se sosegó y dijo "No voy a ser yo quien se los niegue. Adelante, don Marx".
             Y Marx dijo "Cuando yo digo que los obreros son mitristas, coronel, digo que son un resultado del mitrismo. Vea, el mismo año que le cortaron la cabeza a su jefe Peñaloza apareció en Buenos Aires el periódico El Artesano. ¿Me entiende? El primer periódico obrero de este país. Los obreros, coronel, son un fruto de la política mitrista, pero al engendrarlos, Mitre engendra a quienes habrán de cavar su sepultura. La historia es así; cada nueva forma contiene el gérmen que habrá de destruirla. Todo esto no es simple, y yo lo estoy haciendo más simple aún porque el tiempo apremia, porque usted tiene una batalla y yo quiero impedirla", dijo Marx, y Varela, que había escuchado apasionadamente las palabras de Marx, preguntó "¿Por qué, don Marx? ¿Por qué quiere impedir esa batalla?", y Marx respondió "Porque me entristece que se derrame en vano la sangre de tantos valientes. La sangre de sus hombres, coronel". "¿Por qué en vano, don Marx? ¿Por qué para usted está tan condenada nuestra causa?" preguntó Varela.
             Y Marx respondió largamente "Porque Mitre está trayendo contra usted los mejores regimientos del frente paraguayo. Porque esos regimientos tienen las armas mortales del progreso. Traen cañones Krupp, fusiles Remington. Demasiado para sus lanzas, coronel, aun cuando con tanto coraje las empuñen sus hombres. Porque usted, coronel, representa un órden económico arcaico. Porque su economía es artesanal, primitiva, feudal y, si me permite el término, pero lo juro, coronel, no hay otro, precapitalista. Y, por último, coronel Varela, porque Mitre, con todas sus crueldades y su infinita mezquindad, es un aliado de la Europa capitalista, a la que arrojará sobre estos campos históricamente estériles, y, entonces, coronel, al sistema arcaico, artesanal y precapitalista de los suyos, lo superará el moderno sistema de producción capitalista, con sus fábricas, sus obreros y sus sindicatos. Y ellos, estos obreros traídos a estas tierras por la política del sanguinario general Mitre, ellos, coronel, no sé cuando, pero un día, inexorablemente, derrotarán a Mitre, porque ellos, coronel, son la negación, la condena que lleva en sí el sistema que Mitre tiene la misión histórica de imponer en este país", dijo largamente Marx.
              Varela lo escuchó en silencio, con respeto, porque respetaba a Marx, tal como el cabezón barbado lo respetaba a él, a Varela, pero al respeto de Varela se le sumaba un deslumbramiento hondo por la sabiduría de Marx, aún cuando en esa sabiduría latiera su condena, y fue así entonces que Varela dijo "Usted, don Marx, me dice que esos obreros derrotarán a Mitre inexorablemente, pero no sabe decirme cuándo". "Se lo dije, no sé cuando, pero es inevitable que Mitre triunfe antes para que esos obreros lo derroten después", dijo Marx, y Varela preguntó "¿Y por qué no me deja intentar a mi esa empresa ahora? Están allí, en lo de Vargas. Son los sicarios de Mitre. Son el mismísimo Mitre. Ha tenido que sustraer innumerables tropas del frente paraguayo para atacarme. Tan poca cosa no debo ser, don Marx. ¿Por qué no habrían de derrotarlos ahora el coronel Varela y sus montoneros?".


Y Marx dijo "Porque aunque usted los derrote hoy nada cambiará mañana. Escuche, coronel: hay una finalidad en la historia. Y esa finalidad dice que lo nuevo supera a lo viejo. Mitre está haciendo lo que debe ser hecho, Mitre está montado sobre el sentido de la historia. En su forma torpe, petulante, sanguinaria, él representa lo necesario. Y escuche algo más, coronel, porque voy a decirle una temeridad. Si usted, coronel, gana esta batalla, la que estallará en menos de media hora ya, y si usted, luego de ganar esta batalla, gana también todas las otras, y si usted, en fin, gana todas las batallas contra Mitre y lo derrota, y se adueña del poder, y se aposenta en el mismísimo Fuerte de Buenos Aires, entonces, usted, coronel Varela, no tendrá posibilidad alguna más que hacer una política idéntica a la de Mitre. ¿O usted cree que Inglaterra permitirá otra cosa? ¿Acaso se lo ha permitido a Solano López? ¿Por qué está siendo ahogado en sangre Paraguay?". Y el cabezón barbado hablaba con pasión dialéctica pero también con lo mejor de su humanismo revolucionario, pues no hubo indiferencia, ni mera certificación lógica cuando dijo esa frase, cuando dijo que el Paraguay estaba siendo ahogado en sangre, razón por la cual Varela, que ya lo respetaba inmensamente por su inteligencia, también lo respetó ahora por el dolor que le producía a Marx el trágico destino de estos pueblos, y fue entonces, en medio de estos hondos sentimientos, que preguntó el coronel Varela "¿Y quién vengará esta devastación? ¿O quedará impune tanta sangre derramada?", y dijo Marx "La burguesía, engendra a su propio verdugos. Las iniquidades del general Mitre serán vengadas por los proletarios argentinos". "Insisto, don Marx: ¿cuándo?", y Marx respondió "Insisto, coronel: no lo sé".
          Y entonces Varela hizo a un lado a Marx, se dirigió hacia la salida de la tienda, se detuvo aquí un instante, de espaldas, como si estuviera meditando hondamente las palabras que diría, giró, buscó con su mirada la de Marx, y dijo "Si usted no puede decirme cuándo, eso para mí es nunca. Y yo tengo que pelear ahora". "Peleará en vano, Su lucha es imposible, coronel", dijo Marx, y Varela dijo "Permítale a este soldado testarudo, a este Quijote de los Andes, a este, según lo ha dicho usted, precapitalista, decirle una verdad: siempre, a lo largo de todas las épocas, les han dicho a los oprimidos que su lucha era imposible. También se lo dirán a sus proletarios", y Marx preguntó "¿Vá a dar la batalla entonces?", y Varela respondió "Ya mismo", y preguntó "¿No se queda a presenciarla?". "No. Ya sé el resultado", dijo Marx, y Varela dijo "Yo no", y entonces Marx le tendió su mano al coronel y éste se la estrechó con fuerza antes de salir de la tienda para arengar a sus hombres."
"La astucia de la razón", ed. Página 12.