miércoles, 21 de febrero de 2018

El día en que Marx se entrevistó con Felipe Varela, por José Pablo Feinnman (resumen)


 "Cierta vez, para ser más preciso, el 10 de abril de 1867, Marx se encontró _ no lejos de un lugar conocido como El Pozo de Vargas, en la provincia de La Rioja_ con el caudillo catamarqueño Felipe Varela. Era mediodía. Un sol insumiso, luctuoso, hería la tierra y hacía del aire una carencia ardiente. Sin embargo, allí, la guerra era un destino a cumplir. En menos de una hora, Varela habría de lanzarse contra las tropas del santiagueño Taboada. Fue entonces cuando Karl Marx arribó al campamento y pidió hablar con el caudillo montonero.
                  Entre alharacas, aspavientos, entre grandes gestos de asombro, se llegaron hasta la tienda de Varela, del coronel Felipe Varela, y le dijeron que de una galera polvorienta acababa de descender un hombre extraño, tan extraño, le dijeron, que era diferente a cuantos habían visto en su vida, porque tenía una levita negra y por eso parecía un doctor de Buenos Aires, pero tenía tanto pelo en la cabeza, tanta patilla, tanto bigote y tanta barba, que esa cabeza semejaba un bosque de pelo, motivo por el cual, dijeron,  si bien por la levita parece un doctor de Buenos Aires, por la cabeza parece el mismísimo general Juan Facundo Quiroga, Dios lo tenga en Su santa gloria, tras lo cual "Que venga" dijo Varela, y casi no fue necesario que lo dijera porque ya estaba ahí el pintoresco personaje, el cual, indiferente a los tumultos que había despertado en el campamento, le dijo al coronel "Me llamo Marx. Karl Marx", y añadió "Soy historiador, economista y doctor en filosofía", y Varela lo miró concienzudamente y preguntó "¿Doctor en qué?, y Marx dijo "En filosofía", y Varela dijo "Ninguno de mis hombres se ha enfermado de eso aún", y Marx lo miró no sin cierta sorpresa pues tenía sus informaciones sobre Varela y lo sabía hombre entendido, de modo que ahora no se sorprendió cuando el coronel le dijo "Vamos, don Marx, ¿cómo no voy a saber yo qué es la filosofía?", y Marx dijo "Me hubiera sorprendido que así no fuera", y añadió "He oído hablar de usted. Y si bien sé que no es un hombre letrado, también sé que está muy lejos de ser un ignorante", y un orgullo cálido, legítimo, se adueñó de Varela, ya que, seguramente pensó, no cualquier gaucho levantisco, no cualquier bárbaro y bandolero, como decía de él la prensa de Buenos Aires, sería capáz de ganarse el respeto de semejante doctorazo, de un hombre como éste que ahora estaba frente a él, de don Carlos Marx nada menos, que andaba cambiando la historia con sus ideas, de modo que así se lo dijo, "Vea don Marx, es un orgullo para mi eso que usted me dice. Y también es un orgullo recibirlo en mi campamento", y Marx dijo "Tenía que venir. Tenía que verlo, coronel", y luego de mirar alrededor, y luego de verificar que esa batalla que era como un destino, que era ya inminente, inexorable, no había empezado aún, añadió "Por lo que veo, no he llegado tarde", y Varela sonrió con una alegría transparente, porque, en verdad, le alegraba tenerlo allí a Carlos Marx, un hombre de luces que se jugaba por la causa de los oprimidos, y también le alegraba que Marx tuviera tantos deseos de presenciar la batalla, su batalla, la del coronel Varela, de modo que, muy orondo, le dijo "No, don Marx, si más a tiempo no ha podido llegar", y señalando con un amplio gesto a todos sus valientes expectantes y en armas, añadió "Vea, mire a esos hombres. Todos saben que están frente a la gloria o la muerte. Pero, créame, don Marx, tanto a la una como a la otra las recibirán con la misma fiereza. Conque tranquilícese, don Marx. No ha llegado tarde. La batalla es inminente. La verá", y Marx movió pesarosamente su gran cabeza y dijo "Eso es lo que no quiero, verla", y fijando sus ojos en los de Varela añadió "No quiero ver esa batalla, coronel", y Varela, claro, se sorprendió y preguntó "¿Cómo? ¿Tan pronto se va a ir? ¿Tantas leguas ha recorrido y ahora no quiere aguardar siquiera una hora?", y Marx, entonces, con un tono muy firme, dijo "Si no quiero ver esa batalla, es porque estoy aquí para impedirla, coronel", y luego, con un tono ya más apagado, casi, diría, con desesperanza, añadió "Si puedo".
            Y ahora fue Varela el que fijó sus ojos en Marx, y hubo en ellos, en esos ojos, un brillo que debía tener algo de la fiereza con la que había dicho que sus hombres esperaban la muerte o la gloria, ya que esos ojos y el brillo que había en ellos impresionaron a Marx, quien lo escuchó decir "¿Quién lo ha enviado, don Marx? ¿Mitre acaso?", y Marx dijo "No, no me ha enviado ese general sanguinario", y con un tono ahora sombrío añadió "Ese general que está tiñendo de sangre los esteron paraguayos", y, sosegado, dijo entonces Varela "Bueno, mejor así. Si no está con Mitre está conmigo", y Marx dijo "Es otra la causa que me trae aquí", y Varela dijo "No hay otra causa en esta tierra. O Mitre o yo. O Buenos Aires o las Provincias", y Marx, remarcando sus palabras, casi silabeándolas para tornarlas más transparentes, más penetrantes, dijo "La causa que me trae aquí es la causa de la Historia", y luego de un instante, como para permitirle a Varela digerir semejante frase, añadió "O para ser más preciso, coronel: estoy aquí para informarle a usted a cerca de la Historia y sus leyes", y entonces Varela se aflojó y, encogiéndose de hombros, dijo "Ah, bueno, si es por eso nomás, podemos tomarnos un amargo entonces. ¿Gusta, don Marx?", y Marx sacudió con energía su cabezota y dijo "No, gracias. Pero ese brevaje que se toman ustedes a mi me revoluciona las tripas", y Varela sonrió, y empezó lentamente a echarle agua al mate, y mientras lo hacía y sin dejar de sonreír, dijo "!Qué don Marx este! Si hasta para hablar de la diarrea menta la revolución".
             Y, ahora, ahí estaban: el ex lugarteniente de Angel Vicente Peñaloza, el militante de la Unión Americana, el guerrero que, en menos de una hora lanzaría sus tropas sobre las del santiagueño Taboada, y el autor del Manifiesto Comunista, de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, el creador del socialismo científico, cuyas leyes, es decir, las leyes que hacían participar  a este socialismo de los rigores de la Ciencia había ido a explicarle al guerrero de Unión Americana, al defensor de la causa del interior, al aliado del Paraguay.
              "De veras me sorprende tenerlo aquí, Me lo hacía terminando el primer tomo de El Capital" dijo Varela, y Marx asintió quedamente y enseguida extrajo de su levita un amplio pañuelo blanco y se secó esa humedad ardorosa que le perlaba la frente y dijo "Ya he terminado ese libro. El primer tomo, como bien dice usted. Ahora estoy escribiendo el prólogo". "Va a ser muy leído ese libro, don Marx", dijo Varela, "Tanto como mi Proclama. O como el Manifiesto del General Felipe Varela a los pueblos americanos que estoy preparando. Créamelo. ¿Y sabe por qué va a ser así?", preguntó Varela, "Porque usted y yo tenemos mucho que decirles a los desdichados de este mundo. A los castigados por esa Civilización desalmada que nos quieren imponer".
               Y Marx volvió a secarse una vez más su frente húmeda y ardorosa y dijo "Coronel, tal como usted lo dice, esa Civilización es desalmada. Pero esa Civilización que usted llama desalmada y que, en efecto, lo es, es, sin embargo, invencible para usted, coronel", dijo Marx, y Varela preguntó "¿Por qué es invencible esa Civilización, don Marx?". "Antes" dijo Marx "de contestarle esa pregunta. Antes de decirle, coronel, por qué, para usted, al menos, esa Civilización es invencible, debo llevar a su conocimiento algunos desgraciados sucesos. Lamento informarle que el día primero de este mes de abril de l867, es decir, hace apenas nueve días, coronel, las tropas de su aliado el cuyano Juan Sáa fueron derrotadas por el coronel mitrista Arredondo en la localidad de San Ignacio", y luego de un silencio que fue como una oración fúnebre dijo Varela "Tal como usted lo ha dicho, don Marx, un desgraciado suceso". "Hay más" dijo Marx. "Los vencedores se ensañaron con los vencidos, coronel. Y los prisioneros fueron degollados", y Varela sonrió amargamente, como si lejos de sorprenderlo, esa noticia no hiciera más que confirmarle la naturaleza perversa y sanguinaria del enemigo que lo enfrentaba, y así lo dijo. "No me sorprende esa saña. Los salvajes unitarios son así, don Marx. Ellos son los bárbaros. Luego de asesinar a quien fuera mi jefe, el valiente general Angel Vicente Peñaloza, le cortaron la cabeza y la exhibieron en una pica. Y ¿sabe usted qué dijo al enterarse del suceso el general Wenceslao Paunero, ese sicario de Mitre? Así es la guerra, no se pueden comer huevos sin romper las cáscaras".
             Y Varela chupó con largueza de su bombilla, y Marx lo miró en silencio, y súbitamente, creyó verlo más flaco, más puro nervio y hueso, y más triste y desamparado también, no obstante lo cual el caudillo se rehizo con una presteza que era, sin duda, la vieja memoria de su viejo orgullo, de su obstinada fiereza de guerrero imbatible, y dijo "Juan Sáa y sus hombres sabían por qué peleaban y habrán sabido morir también. Cuando uno defiende una causa justa la muerte no es una derrota. Ya pueden los salvajes unitarios degollar a miles de los nuestros, no importa, surgirán otros, don Marx, que vengarán toda injusticia, toda crueldad", y Marx, muy firme, dijo "Sí, coronel. Surgirán otros. Y vengarán las injusticias y las crueldades, las de ustedes y las de ellos, pues ellos también las padecerán", y Varela lo miró intrigado, sabiendo que se agitaba algo más en las palabras de Marx, y así, en efecto, era, ya que Marx dijo "Pero esos otros, desde luego, no serán ustedes. No serán gauchos".
             Y Varela alzó su barbilla y niró a Marx casi con altivéz, y preguntó "¿Y qué serán entonces?", "Serán obreros" respondió Marx, y Varela secamente dijo "Aquí no hay obreros, don Marx. Sólo gauchos", y añadió "Obreros hay en Inglaterra. Allí donde usted piensa escribir el prólogo de El Capital. Si aquí hubiera obreros, ¿por qué no habrían de estar peleando a nuestro lado? ¿O son mitristas los obreros, don Marx?, abundó Varela, y Marx meneó su cabezota y alguna sonrisa entre la resignación y la ironía se abrió paso en medio de tanta pelambre y dijo "Sí, coronel, los obreros son mitristas", y tuvo que alzar como un rayo una mano para detener la palabra de Varela, y una vez que hubo conseguido esto, dijo "Déme un par de minutos, coronel. Sé que en menos de una hora tiene una batalla. Pero yo no necesito tanto. Solo le pido un par de minutos", y Varela se sosegó y dijo "No voy a ser yo quien se los niegue. Adelante, don Marx".
             Y Marx dijo "Cuando yo digo que los obreros son mitristas, coronel, digo que son un resultado del mitrismo. Vea, el mismo año que le cortaron la cabeza a su jefe Peñaloza apareció en Buenos Aires el periódico El Artesano. ¿Me entiende? El primer periódico obrero de este país. Los obreros, coronel, son un fruto de la política mitrista, pero al engendrarlos, Mitre engendra a quienes habrán de cavar su sepultura. La historia es así; cada nueva forma contiene el gérmen que habrá de destruirla. Todo esto no es simple, y yo lo estoy haciendo más simple aún porque el tiempo apremia, porque usted tiene una batalla y yo quiero impedirla", dijo Marx, y Varela, que había escuchado apasionadamente las palabras de Marx, preguntó "¿Por qué, don Marx? ¿Por qué quiere impedir esa batalla?", y Marx respondió "Porque me entristece que se derrame en vano la sangre de tantos valientes. La sangre de sus hombres, coronel". "¿Por qué en vano, don Marx? ¿Por qué para usted está tan condenada nuestra causa?" preguntó Varela.
             Y Marx respondió largamente "Porque Mitre está trayendo contra usted los mejores regimientos del frente paraguayo. Porque esos regimientos tienen las armas mortales del progreso. Traen cañones Krupp, fusiles Remington. Demasiado para sus lanzas, coronel, aun cuando con tanto coraje las empuñen sus hombres. Porque usted, coronel, representa un órden económico arcaico. Porque su economía es artesanal, primitiva, feudal y, si me permite el término, pero lo juro, coronel, no hay otro, precapitalista. Y, por último, coronel Varela, porque Mitre, con todas sus crueldades y su infinita mezquindad, es un aliado de la Europa capitalista, a la que arrojará sobre estos campos históricamente estériles, y, entonces, coronel, al sistema arcaico, artesanal y precapitalista de los suyos, lo superará el moderno sistema de producción capitalista, con sus fábricas, sus obreros y sus sindicatos. Y ellos, estos obreros traídos a estas tierras por la política del sanguinario general Mitre, ellos, coronel, no sé cuando, pero un día, inexorablemente, derrotarán a Mitre, porque ellos, coronel, son la negación, la condena que lleva en sí el sistema que Mitre tiene la misión histórica de imponer en este país", dijo largamente Marx.
              Varela lo escuchó en silencio, con respeto, porque respetaba a Marx, tal como el cabezón barbado lo respetaba a él, a Varela, pero al respeto de Varela se le sumaba un deslumbramiento hondo por la sabiduría de Marx, aún cuando en esa sabiduría latiera su condena, y fue así entonces que Varela dijo "Usted, don Marx, me dice que esos obreros derrotarán a Mitre inexorablemente, pero no sabe decirme cuándo". "Se lo dije, no sé cuando, pero es inevitable que Mitre triunfe antes para que esos obreros lo derroten después", dijo Marx, y Varela preguntó "¿Y por qué no me deja intentar a mi esa empresa ahora? Están allí, en lo de Vargas. Son los sicarios de Mitre. Son el mismísimo Mitre. Ha tenido que sustraer innumerables tropas del frente paraguayo para atacarme. Tan poca cosa no debo ser, don Marx. ¿Por qué no habrían de derrotarlos ahora el coronel Varela y sus montoneros?".


Y Marx dijo "Porque aunque usted los derrote hoy nada cambiará mañana. Escuche, coronel: hay una finalidad en la historia. Y esa finalidad dice que lo nuevo supera a lo viejo. Mitre está haciendo lo que debe ser hecho, Mitre está montado sobre el sentido de la historia. En su forma torpe, petulante, sanguinaria, él representa lo necesario. Y escuche algo más, coronel, porque voy a decirle una temeridad. Si usted, coronel, gana esta batalla, la que estallará en menos de media hora ya, y si usted, luego de ganar esta batalla, gana también todas las otras, y si usted, en fin, gana todas las batallas contra Mitre y lo derrota, y se adueña del poder, y se aposenta en el mismísimo Fuerte de Buenos Aires, entonces, usted, coronel Varela, no tendrá posibilidad alguna más que hacer una política idéntica a la de Mitre. ¿O usted cree que Inglaterra permitirá otra cosa? ¿Acaso se lo ha permitido a Solano López? ¿Por qué está siendo ahogado en sangre Paraguay?". Y el cabezón barbado hablaba con pasión dialéctica pero también con lo mejor de su humanismo revolucionario, pues no hubo indiferencia, ni mera certificación lógica cuando dijo esa frase, cuando dijo que el Paraguay estaba siendo ahogado en sangre, razón por la cual Varela, que ya lo respetaba inmensamente por su inteligencia, también lo respetó ahora por el dolor que le producía a Marx el trágico destino de estos pueblos, y fue entonces, en medio de estos hondos sentimientos, que preguntó el coronel Varela "¿Y quién vengará esta devastación? ¿O quedará impune tanta sangre derramada?", y dijo Marx "La burguesía, engendra a su propio verdugos. Las iniquidades del general Mitre serán vengadas por los proletarios argentinos". "Insisto, don Marx: ¿cuándo?", y Marx respondió "Insisto, coronel: no lo sé".
          Y entonces Varela hizo a un lado a Marx, se dirigió hacia la salida de la tienda, se detuvo aquí un instante, de espaldas, como si estuviera meditando hondamente las palabras que diría, giró, buscó con su mirada la de Marx, y dijo "Si usted no puede decirme cuándo, eso para mí es nunca. Y yo tengo que pelear ahora". "Peleará en vano, Su lucha es imposible, coronel", dijo Marx, y Varela dijo "Permítale a este soldado testarudo, a este Quijote de los Andes, a este, según lo ha dicho usted, precapitalista, decirle una verdad: siempre, a lo largo de todas las épocas, les han dicho a los oprimidos que su lucha era imposible. También se lo dirán a sus proletarios", y Marx preguntó "¿Vá a dar la batalla entonces?", y Varela respondió "Ya mismo", y preguntó "¿No se queda a presenciarla?". "No. Ya sé el resultado", dijo Marx, y Varela dijo "Yo no", y entonces Marx le tendió su mano al coronel y éste se la estrechó con fuerza antes de salir de la tienda para arengar a sus hombres."
"La astucia de la razón", ed. Página 12.

sábado, 17 de febrero de 2018

119.000 niños nacen con síndrome alcohólico fetal en el mundo ..

La revista científica The Lancet Global Health acaba de publicar un artículo realizado por Svetlana Popova junto con otros autores en el que se habla de una alta prevalencia de consumo de alcohol durante el embarazo.  Se calcula que 119.000 niños en el mundo nacen ya con síndrome alcohólico fetal (15 de cada 10.000 personas), un trastorno producido por la ingesta de alcohol durante el embarazo y que tiene consecuencia graves para el niño como daño intelectual, deformaciones físicas al nacer, desórdenes en el desarrollo, etc.
El síndrome alcohólico fetal se encuentra dentro de los trastornos del espectro alcohólico fetal, por lo que no necesariamente todos los niños cuyas mandres han consumido alcohol en el embarazo  lo presentan, pero sí es posible que presenten otro tipo de desórdenes cuyo origen es el mismo. Esta enfermedad, que es 100% prevenible, puede causar también otros problemas como fracaso escolar, consumo de sustancias, enfermedades mentales, etc. todo ello con un alto coste para la sanidad, la educación y la justicia.
El estudio muestra también qué regiones del mundo tienen una mayor prevalencia  de niños con este grave problema de salud. Los cinco países con mayor consumo de alcohol durante el embarazo son europeos: Reino Unido, Bielorrussia, Irlanda, Dinamarca y Rusia. Mientras que los niveles más bajo de consumo se situaban en regiones del Mediterráneo oriental y el sudeste asiático.  En algunos países se estima que más del 45% de las embarazadas beben alcohol.
" A día de hoy un 10% de las mujeres del mundo, un 25% en Europa, exponen a sus nonatos al alcohol "
Tha Lancet lanzó la necesidad de atajar el problema, de dimensiones mundiales, cuanto antes. A día de hoy un 10% de las mujeres del mundo, un 25% en Europa, exponen a sus nonatos al alcohol. Para ello será necesario conocer el motivo por el que estas mujeres siguen bebiendo. En algunos casos se sabe que es por desconocimiento de las consecuencias reales del consumo, pero un estudio realizado en Suecia, detectó que en muchas ocasiones se debe a factores sociales como sentirse presionadas o no advertir a otros de su estado de gestación. También por falta de educación o por factores personales como no querer perder ‘el disfrute de hacerse una copa’.

lunes, 12 de febrero de 2018

En Cuba no tenemos femicidios y eso es efecto de la Revolución, por Lucía Álvarez.

Mariela Castro es hija del primer mandatario cubano Raúl Castro y es también la principal promotora de la sanción de una ley de matrimonio igualitario para la isla. Desde el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX) que dirige hace 15 años impulsó una reforma en la ley de trabajo para quitar la “discriminación por orientación sexual” y fue responsable de una política efectiva para la prevención del VIH.
Castro relató el proceso de cambio y precisó: “Hablamos de una ley de igualdad de oportunidades, porque la palabra matrimonio todavía genera muchas emociones.”
¿En qué consiste su modelo de educación sexual?
La sexualidad estuvo desde siempre marcada por relaciones de poder y por ideas, leyes, doctrinas basadas en esas relaciones. No siempre ha estado claro cómo cambiar ese modelo, ahora  por suerte lo está cada vez más. Nuestro enfoque de la educación sexual busca mostrar cómo se fue creando esa diferencia en detrimento de otras identidades de género y  sexuales.
¿La categoría clase social sigue siendo el principio ordenador?
No es la única, pero es clave. Porque no la pasa igual un hombre gay pobre, que uno rico; un transgénero migrante y uno blanco. En la formación que hacemos con activistas trabajamos esos entrecruzamientos y fomentamos la solidaridad. Por ejemplo, con los activistas LGBT trabajamos para que no centren en sí mismos, que no se sitúen como únicas víctimas, fomentamos que articule con otras causas justas y con toda la sociedad cubana. No tiene sentido aislarse, segregarse.
La Revolución era muy conservadora en estos temas, ¿cómo lograron transformar ese rasgo?
A mí me gusta hablar de este tema, no me resulta incómodo, al contrario, me permite explicar nuestro punto de vista y reconocer lo que hay que reconocer. Todo el mundo quería que la primera revolución de América Latina fuera perfecta. Pero no es posible. Los pueblos que quieran hacer revoluciones lo entenderán. No se puede saberlo todo, se cometen errores. Mi papá siempre me decía: “Fue un salto al abismo. Queríamos hacer justicia, pero no sabíamos cómo se hacía”.
No sabíamos cómo gobernar revolucionariamente, porque no es lo mismo que ser revolucionario. Es una generación que ha hecho un gran esfuerzo, le merecemos un respeto que no podemos obviar. Porque lo nuevo y lo renovador cree que siempre tiene las mejores respuestas, pero las ideas biologicistas o patologizadoras también fueron vanguardia.
No sabíamos cómo gobernar revolucionariamente,
porque no es lo mismo que ser revolucionario.
¿Este cambio implicó una renovación?
Claro. El día que la revolución deje de renovarse ya no va a ser una revolución. En estos temas se trabajaba para la renovación pero no se lograba porque no teníamos todas las herramientas, tuvimos que indagar, estudiar y reflexionar mucho.
¿Cuáles eran los principales obstáculos?
Los prejuicios que aprendimos de nuestros ancestros españoles, y africanos también, y que estaban en el mundo entero. Esos prejuicios no ayudaban a que se defina una política clara. Se proponían reflexiones, pero no propuestas.
¿Cuál es la situación de los derechos de las mujeres en la isla hoy?
La cosa buena es que las mujeres estamos organizadas, y eso da mucha fuerza. Hay muchas campañas, programas de televisión, de radio, espacios científicos. Se ha trabajado en el empoderamiento y hoy somos el tercer o cuarto país con mayor presencia de mujeres en el parlamento, hay mayor número de graduadas universitarias mujeres, hay paridad salarial desde 1959. Nosotros no tenemos, por ejemplo, femicidios. Porque Cuba no es un país violento, y eso sí es un efecto de la revolución.
¿Y la prostitución?
No la consideramos trabajo, porque en Cuba hay otras alternativas, pero al que se persigue es al proxeneta. Hay muchas cosas que inciden y hay que tratarlas cuidadosamente para no estigmatizar.

sábado, 10 de febrero de 2018

SE APRUEBA EL VOTO FEMENINO EN SAN JUAN (Jueves, 10 de febrero de 1927 - San Juan, Argentina)

Foto: Mesa electoral femenina en las elecciones legislativas de la provincia de San Juan el 8 de Abril de 1928.
En la provincia de San Juan durante la gobernación del Dr. Aldo Cantoni, electo por la Unión Cívica Radical Bloquista, se promulga una nueva Constitución provincial que establece por primera vez en Argentina el derecho al voto femenino. La iniciativa fue impulsada por el convencional constituyente y hermano del gobernador Dr. Federico Cantoni.

En 1928 se emite la primera Libreta Cívica a nombre de Rosalina Plaza, esposa del Gobernador Aldo Cantoni, con la cual podían votar las sanjuaninas y el 8 de Abril de ese año las mujeres acuden a las urnas, emitiendo sorpresivamente su voto el 97% de las empadronadas, frente al 90% de los varones.

miércoles, 7 de febrero de 2018

La pena de muerte, de María Elena Walsh ..

Fui lapidada por adúltera.
Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos.
Mi señor era el brazo de la Justicia.
Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital.
Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable.
Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar.
Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.
La poeta se ponen en la piel de la mujer que busca un amante harta de aceptar que su marido tenga una y la traiga a su casa y, por ello, esa mujer que busca un amante, es asesinada, juzgadas por hombres y delante de los hijos. Se ponen en la piel de los cristianos soltados a los leones en épocas anteriores.

Se pone en la piel de las acusadas de brujería por vivir con un negro y tener un lunar, como creía en ocasiones la inquisición. Se mete en la piel del indígena asesinado por enfrentarse a los colonizadores. Recuerda la represión brutal de los señores feudales contra el pueblo hambriento.

También recuerda a los científicos que murieron asesinados, quemados por sus teorías contrarias a lo que la religión dictaba. Se pone en la piel de los revolucionarios franceses que mataron por mantener la negación de los derechos a las mujeres y recuerda la represión de indígenas en la pampa.

También habla de la represión de los curas y personas cercanas a ellos en la Guerra civil, sólo por su ideología o condición social. La literatura y sus poetas también fueron reprimidos. Recuerda a la primera mujer condenada a muerte en la silla eléctrica, sin darle una oportunidad para cambiar o redimirse.

Recuerda a todas las mujeres judías gaseadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Recuerda la represión y asesinatos en los numerosos gobiernos dictatoriales por opinar diferente, por tener otra ideología o por la lucha política. La poeta habla de las sentencias de muerte que dictan personas sabias y van dirigidas contra otras personas de manera interesada, sabiendo lo que hacen y las consecuencias.

Cuando esto ocurre, la humanidad no avanza y pierde esa condición por completo. La poeta nos habla de cómo la muerte ha sido una constante a lo largo de la historia cuando hablamos de dictaduras, cuando hablamos de religiones, cuando hablamos de injusticias sociales, cuando hablamos de personas con valía, científicos, aquellos que tenían una manera de pensar diferente y lo expresaban.

La poeta nos habla de cómo la historia del ser humano se basa en continuas guerras, represiones y también la forma de obligar a un pueblo a pensar, sentir, etcétera, de la misma forma. Para todo aquel que fuera en contra de lo políticamente correcto, de lo que se obligaba, de lo que tenía que ser, el final era la muerte, la represión, era la anulación del propio ser humano.

... Fuente https://www.poemas.de/pena-muerte/
La poeta se ponen en la piel de la mujer que busca un amante harta de aceptar que su marido tenga una y la traiga a su casa y, por ello, esa mujer que busca un amante, es asesinada, juzgadas por hombres y delante de los hijos. Se ponen en la piel de los cristianos soltados a los leones en épocas anteriores.

Se pone en la piel de las acusadas de brujería por vivir con un negro y tener un lunar, como creía en ocasiones la inquisición. Se mete en la piel del indígena asesinado por enfrentarse a los colonizadores. Recuerda la represión brutal de los señores feudales contra el pueblo hambriento.

También recuerda a los científicos que murieron asesinados, quemados por sus teorías contrarias a lo que la religión dictaba. Se pone en la piel de los revolucionarios franceses que mataron por mantener la negación de los derechos a las mujeres y recuerda la represión de indígenas en la pampa.

También habla de la represión de los curas y personas cercanas a ellos en la Guerra civil, sólo por su ideología o condición social. La literatura y sus poetas también fueron reprimidos. Recuerda a la primera mujer condenada a muerte en la silla eléctrica, sin darle una oportunidad para cambiar o redimirse.

Recuerda a todas las mujeres judías gaseadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Recuerda la represión y asesinatos en los numerosos gobiernos dictatoriales por opinar diferente, por tener otra ideología o por la lucha política. La poeta habla de las sentencias de muerte que dictan personas sabias y van dirigidas contra otras personas de manera interesada, sabiendo lo que hacen y las consecuencias.

Cuando esto ocurre, la humanidad no avanza y pierde esa condición por completo. La poeta nos habla de cómo la muerte ha sido una constante a lo largo de la historia cuando hablamos de dictaduras, cuando hablamos de religiones, cuando hablamos de injusticias sociales, cuando hablamos de personas con valía, científicos, aquellos que tenían una manera de pensar diferente y lo expresaban.

La poeta nos habla de cómo la historia del ser humano se basa en continuas guerras, represiones y también la forma de obligar a un pueblo a pensar, sentir, etcétera, de la misma forma. Para todo aquel que fuera en contra de lo políticamente correcto, de lo que se obligaba, de lo que tenía que ser, el final era la muerte, la represión, era la anulación del propio ser humano.

... Fuente https://www.poemas.de/pena-muerte/

La poeta se ponen en la piel de la mujer que busca un amante harta de aceptar que su marido tenga una y la traiga a su casa y, por ello, esa mujer que busca un amante, es asesinada, juzgadas por hombres y delante de los hijos. Se ponen en la piel de los cristianos soltados a los leones en épocas anteriores.

Se pone en la piel de las acusadas de brujería por vivir con un negro y tener un lunar, como creía en ocasiones la inquisición. Se mete en la piel del indígena asesinado por enfrentarse a los colonizadores. Recuerda la represión brutal de los señores feudales contra el pueblo hambriento.

También recuerda a los científicos que murieron asesinados, quemados por sus teorías contrarias a lo que la religión dictaba. Se pone en la piel de los revolucionarios franceses que mataron por mantener la negación de los derechos a las mujeres y recuerda la represión de indígenas en la pampa.

También habla de la represión de los curas y personas cercanas a ellos en la Guerra civil, sólo por su ideología o condición social. La literatura y sus poetas también fueron reprimidos. Recuerda a la primera mujer condenada a muerte en la silla eléctrica, sin darle una oportunidad para cambiar o redimirse.

Recuerda a todas las mujeres judías gaseadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Recuerda la represión y asesinatos en los numerosos gobiernos dictatoriales por opinar diferente, por tener otra ideología o por la lucha política. La poeta habla de las sentencias de muerte que dictan personas sabias y van dirigidas contra otras personas de manera interesada, sabiendo lo que hacen y las consecuencias.

Cuando esto ocurre, la humanidad no avanza y pierde esa condición por completo. La poeta nos habla de cómo la muerte ha sido una constante a lo largo de la historia cuando hablamos de dictaduras, cuando hablamos de religiones, cuando hablamos de injusticias sociales, cuando hablamos de personas con valía, científicos, aquellos que tenían una manera de pensar diferente y lo expresaban.

La poeta nos habla de cómo la historia del ser humano se basa en continuas guerras, represiones y también la forma de obligar a un pueblo a pensar, sentir, etcétera, de la misma forma. Para todo aquel que fuera en contra de lo políticamente correcto, de lo que se obligaba, de lo que tenía que ser, el final era la muerte, la represión, era la anulación del propio ser humano.

... Fuente https://www.poemas.de/pena-muerte/