jueves, 30 de agosto de 2018

Los genocidios de la Patagonia, Tierra del Fuego.

El genocidio es un delito internacional clasificado dentro del género crímenes contra la humanidad. Se entiende por genocidio cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial, religioso o político como tal con algún propósito particular. Estos actos comprenden la muerte y lesión a la integridad física o moral de los miembros del grupo, el exterminio o la adopción de medidas destinadas a impedir los nacimientos en el grupo. Según el sociólogo e historiador Michael Mann el "genocidio" es el grado más extremo de violencia intergrupal y de los procesos de limpieza étnica.
Esa definición es similar a la reflejada en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948, y recogida en el Estatuto de la Corte Penal Internacional, de 1998, pero es objeto de cierta polémica en tanto a los grupos y a las acciones infligidas como a las causas por las que se llevan a cabo.
La palabra genocidio fue creada por Raphael Lemkin, judío de Polonia, en 1944, de las raíces genos (término griego que significa familia, tribu o raza) y -cidio (del latín -cidere, forma combinatoria de caedere, matar). Lemkin quería referirse con este término a las matanzas por motivos raciales, nacionales o religiosos. Su estudio se basó en el Genocidio perpetrado por el estado turco contra el pueblo armenio en 1915. Luchó para que las normas internacionales definiesen y prohibiesen el genocidio. De esta manera se introdujo para los grupos colectivos (nacionales, étnicos, raciales y religiosos)el concepto de lo que el homocidio es para los individuos, el reconocimiento de su derecho a existir.
El Acuerdo o Carta de Londres de 8 de agosto de 1945, que estableció el Estatuto del Tribunal de Núremberg, definió como "crímenes contra la humanidad" el "asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, o persecución por motivos religiosos, raciales o políticos, cuando dichos actos o persecuciones se hacen en conexión con cualquier crimen contra la paz o en cualquier crimen de guerra".
En 1946, la Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó los principios de Derecho internacional reconocidos por el Estatuto del Tribunal y proclamó la resolución 96 (I) sobre el crimen de genocidio, que define como "una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros", entre ellos los "raciales, religiosos o políticos", instando a tomar las medidas necesarias para la prevención y sanción de este crimen.
Esta resolución cristalizó en la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 260 A (III), de 9 de diciembre de 1948.
La definición de genocidio plasmada en la Convención de 1948 ha sido acogida en el artículo 4 del Estatuto del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, de 1993, el artículo 2 del Estatuto del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, de 1994, y el artículo 6 del Estatuto de Roma de 1998, por el que se creó la Corte Penal Internacional.

domingo, 19 de agosto de 2018

Día Del Niño / De La Niña (por Eduardo Galeano)

Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.
Los de arriba, los de abajo y los del medio En el océano del desamparo, se alzan las islas del privilegio. Son lujosos campos de concentración, donde los poderosos sólo se encuentran con los poderosos y jamás pueden olvidar, ni por un ratito, que son poderosos. En algunas de las grandes ciudades latinoamericanas, los secuestros se han hecho costumbre, y los niños ricos crecen encerrados dentro de la burbuja del miedo. Habitan mansiones amuralladas, grandes casas o grupos de casas rodeadas de cercos electrificados y de guardias armados, y están día y noche vigilados por los guardaespaldas y por las cámaras de los circuitos cerrados de seguridad. Los niños ricos viajan, como el dinero, en autos blindados. No conocen, más que de vista, su ciudad. Descubren el subterráneo en París o en Nueva York, pero jamás lo usan en San Pablo o en la capital de México.
Ellos no viven en la ciudad donde viven. Tienen prohibido este vasto infierno que acecha su minúsculo cielo privado. Más allá de las fronteras, se extiende una región del terror donde la gente es mucha, fea, sucia y envidiosa. En plena era de la globalización, los niños ya no pertenecen a ningún lugar, pero los que menos lugar tienen son los que más cosas tienen: ellos crecen sin raíces, despojados de la identidad cultural, y sin más sentido social que la certeza de que la realidad es un peligro. Su patria está en las marcas de prestigio universal, que distinguen sus ropas y todo lo que usan, y su lenguaje es el lenguaje de los códigos electrónicos internacionales. En las ciudades más diversas, y en los más distantes lugares del mundo, los hijos del privilegio se parecen entre sí, en sus costumbres y en sus tendencias, como entre sí se parecen los shopping centers y los aeropuertos, que están fuera del tiempo y del espacio. Educados en la realidad virtual, se deseducan en la ignorancia de la realidad real, que sólo existe para ser temida o para ser comprada.
Fast food, fast cars, fast life: desde que nacen, los niños ricos son entrenados para el consumo y para la fugacidad, y transcurren la infancia comprobando que las máquinas son más dignas de confianza que las personas. Cuando llegue la hora del ritual de iniciación, les será ofrendada su primera coraza todo terreno, con tracción a cuatro ruedas. Durante los años de la espera, ellos se lanzan a toda velocidad a las autopistas cibernéticas y confirman su identidad devorando imágenes y mercancías, haciendo zapping y haciendo shopping. Los ciberniños navegan por el ciberespacio con la misma soltura con que los niños abandonados deambulan por las calles de las ciudades.
Mucho antes de que los niños ricos dejen de ser niños y descubran las drogas que aturden la soledad y enmascaran el miedo, ya los niños pobres están aspirando gasolina o pegamento. Mientras los niños ricos juegan a la guerra con balas de rayos láser, ya las balas de plomo amenazan a los niños de la calle.
En América latina, los niños y los adolescentes suman casi la mitad de la población total. La mitad de esa mitad vive en la miseria. Sobrevivientes: en América latina mueren cien niños, cada hora, por hambre o enfermedad curable, pero hay cada vez más niños pobres en las calles y en los campos de esta región que fabrica pobres y prohíbe la pobreza. Niños son, en su mayoría, los pobres; y pobres son, en su mayoría, los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escucha, jamás los comprende.
Esos niños, hijos de gente que trabaja salteado o que no tiene trabajo ni lugar en el mundo, están obligados, desde muy temprano, a vivir al servicio de cualquier actividad ganapán, deslomándose a cambio de la comida, o de poco más, todo a lo largo y a lo ancho del mapa del mundo. Después de aprender a caminar, aprenden cuáles son las recompensas que se otorgan a los pobres que se portan bien: ellos, y ellas, son la mano de obra gratuita de los talleres, las tiendas y las cantinas caseras, o son la mano de obra a precio de ganga de las industrias de exportación que fabrican ropa deportiva para las grandes empresas multinacionales. Trabajan en las faenas agrícolas o en los trajines urbanos, o trabajan en su casa, al servicio de quien allá mande. Son esclavitos o esclavitas de la economía familiar o del sector informal de la economía globalizada, donde ocupan el escalón más bajo de la población activa al servicio del mercado mundial:
En los basurales de la ciudad de México, Manila o Lagos, juntan vidrios, latas y papeles, y disputan los restos de comida con los buitres; se sumergen en el mar de Java, buscando perlas; persiguen diamantes en las minas del Congo; son topos en las galerías de las minas del Perú, imprescindibles por su corta estatura y cuando sus pulmones no dan más, van a parar a los cementerios clandestinos; cosechan café en Colombia y en Tanzania, y se envenenan con los pesticidas; se envenenan con los pesticidas en las plantaciones de algodón de Guatemala y en las bananeras de Honduras; en Malasia recogen la leche de los árboles del caucho, en jornadas de trabajo que se extienden de estrella a estrella; tienden vías de ferrocarril en Birmania; al norte de la India se derriten en los hornos de vidrio, y al sur en los hornos de ladrillos; en Bangladesh, desempeñan más de trescientas ocupaciones diferentes, con salarios que oscilan entre la nada y la casi nada por cada día de nunca acabar; corren carreras de camellos para los emires árabes y son jinetes pastores en las estancias del río de la Plata; en Port-au-Prince, Colombo, Jakarta o Recife sirven la mesa del amo, a cambio del derecho de comer lo que de la mesa cae; venden fruta en los mercados de Bogotá y venden chicles en los autobuses de San Pablo; limpian parabrisas en las esquinas de Lima, Quito o San Salvador; lustran zapatos en las calles de Caracas o Guanajuato; cosen ropa en Tailandia y cosen zapatos de fútbol en Vietnam; cosen pelotas de fútbol en Pakistán y pelotas de béisbol en Honduras y Haití; para pagar las deudas de sus padres, recogen té o tabaco en las plantaciones de Sri Lanka y cosechan jazmines, en Egipto, con destino a la perfumería francesa; alquilados por sus padres, tejen alfombras en Irán, Nepal y en la India, desde antes del amanecer hasta pasada la medianoche, y cuando alguien llega a rescatarlos, preguntan: «¿Es usted mi nuevo amo?»; vendidos a cien dólares por sus padres, se ofrecen en Sudán para labores sexuales o todo trabajo.

Por la fuerza reclutan niños los ejércitos, en algunos lugares de África, Medio Oriente y América Latina. En las guerras, los soldaditos trabajan matando, y sobre todo trabajan muriendo; ellos suman la mitad de las víctimas en las guerras africanas recientes. Con excepción de la guerra, que es cosa de machos según cuenta la tradición y enseña la realidad, en casi todas las demás tareas, los brazos de las niñas resultan tan útiles como los brazos de los niños. Pero el mercado laboral reproduce en las niñas la discriminación que normalmente practica contra las mujeres: ellas, las niñas, siempre ganan menos que lo poquísimo que ellos, los niños, ganan, cuando algo ganan.
La prostitución es el temprano destino de muchas niñas y, en menor medida, también de unos cuantos niños, en el mundo entero. Por asombroso que parezca, se calcula que hay por lo menos cien mil prostitutas infantiles en los Estados Unidos, según el informe de UNICEF de 1997. Pero es en los burdeles y en las calles del sur del mundo donde trabaja la inmensa mayoría de las víctimas infantiles del comercio sexual. Esta multimillonaria industria, vasta red de traficantes, intermediarios, agentes turísticos y proxenetas, se maneja con escandalosa impunidad. En América latina, no tiene nada de nuevo: la prostitución infantil existe desde que en 1536 se inauguró la primera casa de tolerancia, en Puerto Rico.
Actualmente, medio millón de niñas brasileñas trabajan vendiendo el cuerpo, en beneficio de los adultos que las explotan: tantas como en Tailandia, no tantas como en la India. En algunas playas del mar Caribe, la próspera industria del turismo sexual ofrece niñas vírgenes a quien pueda pagarlas. Cada año aumenta la cantidad de niñas arrojadas al mercado de consumo: según las estimaciones de los organismos internacionales, por lo menos un millón de niñas se incorporan, cada año, a la oferta mundial de cuerpos.
Son incontables los niños pobres que trabajan, en su casa o afuera, para su familia o para quien sea. En su mayoría, trabajan fuera de la ley y fuera de las estadísticas. ¿Y los demás niños pobres? De los demás, son muchos los que sobran. El mercado no los necesita, ni los necesitará jamás. No son rentables, jamás lo serán. Desde el punto de vista del orden establecido, ellos empiezan robando el aire que respiran y después roban todo lo que encuentran. Entre la cuna y la sepultura, el hambre o las balas suelen interrumpirles el viaje. El mismo sistema productivo que desprecia a los viejos, teme a los niños. La vejez es un fracaso, la infancia es un peligro.
Cada vez hay más y más niños marginados que nacen con tendencia al crimen, al decir de algunos especialistas. Ellos integran el sector más amenazante de los excedentes de población. El niño como peligro público, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de los Congresos Panamericanos del Niño, desde hace ya unos cuantos años. Los niños que vienen del campo a la ciudad, y los niños pobres en general, son de conducta potencialmente antisocial, según nos advierten los Congresos desde 1963. Los gobiernos y algunos expertos en el tema comparten la obsesión por los niños enfermos de violencia, orientados al vicio y a la perdición. Cada niño contiene una posible corriente de El Niño, y es preciso prevenir la devastación que puede provocar. En el primer Congreso Policial Sudamericano, celebrado en Montevideo en 1979, la policía colombiana explicó que «el aumento cada día creciente de la población de menos de dieciocho años, induce a estimar una mayor población POTENCIALMENTE DELINCUENTE». (Mayúsculas en el documento original) En los países latinoamericanos, la hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad y haciendo trizas el tejido social comunitario.
¿Qué destino tienen los nadies, los dueños de nada, en países donde el derecho de propiedad se está convirtiendo en el único derecho? ¿Y los hijos de los nadies? A muchos, que son cada vez más muchos, el hambre los empuja al robo, a la mendicidad y a la prostitución; y la sociedad de consumo los insulta ofreciendo lo que niega. Y ellos se vengan lanzándose al asalto, bandas de desesperados unidos por la certeza de la muerte que espera: según UNICEF, en 1995 había ocho millones de niños abandonados, niños de la calle, en las grandes ciudades latinoamericanas; según la organización Human Rights Watch, en 1993 los escuadrones parapoliciales asesinaron a seis niños por día en Colombia y a cuatro por día en Brasil.
Entre una punta y la otra, el medio. Entre los niños que viven prisioneros de la opulencia y los que viven prisioneros del desamparo, están los niños que tienen bastante más que nada, pero mucho menos que todo. Cada vez son menos libres los niños de clase media. Que te dejen ser o que no te dejen ser: ésa es la cuestión, supo decir Chumy Chúmez, humorista español. A estos niños les confisca la libertad, día tras día, la sociedad que sacraliza el orden mientras genera el desorden. El miedo del medio: el piso cruje bajo los pies, ya no hay garantías, la estabilidad es inestable, se evaporan los empleos, se desvanece el dinero, llegar a fin de mes es una hazaña.
Bienvenida, la clase de unos de los barrios más miserables de Buenos Aires. La clase media sigue viviendo en estado de impostura, fingiendo que cumple las leyes y que cree en ellas, y simulando tener más de lo que tiene; pero nunca le ha resultado tan difícil cumplir con esta abnegada tradición. Está la clase media asfixiada por las deudas y paralizada por el pánico, y en el pánico cría a sus hijos. Pánico de vivir, pánico de caer: pánico de perder el trabajo, el auto, la casa, las cosas, pánico de no llegar a tener lo que se debe tener para llegar a ser. En el clamor colectivo por la seguridad pública, amenazada por los monstruos del delito que acecha, la clase media es la que más alto grita. Defiende el orden como si fuera su propietaria, aunque no es más que una inquilina agobiada por el precio del alquiler y la amenaza del desalojo.
Atrapados en las trampas del pánico, los niños de clase media están cada vez más condenados a la humillación del encierro perpetuo. En la ciudad del futuro, que ya está siendo ciudad del presente, los teleniños, vigilados por niñeras electrónicas, contemplarán la calle desde alguna ventana de sus telecasas: la calle prohibida por la violencia o por el pánico a la violencia, la calle donde ocurre el siempre peligroso, y a veces prodigioso, espectáculo de la vida.

domingo, 5 de agosto de 2018

" LAS 13 ROSAS "

5 Agosto 1939. 13 jóvenes mujeres del PCE y sus juventudes UJS, junto a cientos de camaradas, fueron asesinadas por la «justicia» genocida de Franco, después de haber sido torturadas y violadas. Honor revolucionario eterno a las 13 Rosas. Ni olvido ni perdón.

lunes, 2 de julio de 2018

RECHAZO EL ABORTO PORQUE SOY ANARQUISTA | Por Roberto Praga.

El rechazo inicial a las propuestas sobre control de natalidad entre los anarquistas obedece, fundamentalmente, a la influencia de Kropotkin y su creencia en el carácter ilimitado de los recursos naturales.
Montseny, aunque no intentó boicotear la legalización del aborto, siem­pre se manifestó contraria a su práctica y defensora -como su padre, Federico Urales (Joan Montseny) -de una moral sexual más bien “tradicional”.
Mateo Rello. Solidaridad Obrera. Monográfico Centenario. 2007.
Una de las preocupaciones de los opositores libertarios (y marxistas) del neomalthusianimso, que calificarían la doctrina como reformista, era que, lógicamente, traería al mundo menos proletarios, lo cual haría que la revolución social , que necesitaba la acción de las masas, tendría menos posibilidades de éxito. Tanto algunos socialsitas franceses, como los marxistas Clara Zatkin y Rosa Luxemburg, se oponían al uso de los métodos anticonceptivos y neomalthusianos por esta razón. Lo mismo hizo también uno de los fundadores de la prestigiosa revista anarquista española La revista Blanca, Federico Urales. De esta manera, tanto nacional como internacionalmente, a pesar de las diferencias entre el marxismo y el anarquismo, se erigieron corrientes bastante potentes que marcaban sus diferencias con el control de la natalidad del neomalthusianismo.
Richard Cleminson. Anarquismo y sexualidad. Universidad de Cadiz. Cadiz. 2008.
Quiero salir al paso, antes que una campaña millonaria a favor del aborto convenza a los compañeros que ser abortista es ser progresista. Pues no, porque soy de izquierda me opongo al aborto y a su entronización como un valor ya sea en forma abierta o subrepticia. Por la misma razón que los anarquistas no oponemos a todo atentado a la vida: pena de muerte, torturas, hambre, armamentismo, destrucción del entorno natural…
Sostengo que la equiparación de anarquismo con permisividad ante el aborto es, primero, una mentira de hecho y, después, una contradicción absoluta con los valores que toda anarquista debe defender.

Como anarquistas somos por extensión de izquierda, nos reconocemos como socialistas, porque defendemos, sin reservas ni dilaciones, la socialización de los medios de producción, porque luchamos contra cualquier explotación del hombre por el hombre, del imperialismo sobre los pueblos. Pero también porque defendemos la vida humana como valor supremo, porque sostenemos que nadie, en nombre de nada, puede suprimirla. Y creemos que precisamente encontrar pretextos y argumentos para suprimir vidas humanas es un signo distintivo de en lo político de la derecha y en lo filosófico de todos aquellos que defienden el principio de autoridad.
Es una falacia la equiparación anarquismo = aborto. Y es también, más aún, una enorme contradicción. Hay vida, y vida humana personal en el óvulo fecundado que anida en la madre. Y se destroza una vida humana – casi siempre con procedimientos de una horrible crueldad para el feto humano que siente- al destruirle.
El feto NO es parte del cuerpo de la madre, NO es un órgano, NO es una glándula, NO es una secreción. Es un ser humano distinto.
Y como tal ser humano tiene sus derechos: tanto como los ancianos, como los minusválidos, los subnormales, los incurables, lo “antisociales”, todos aquellos a los que la permisión del aborto pone en la lista de los futuros condenados, porque no se les va a considerar personas humanas con derecho a la vida, sino partes molestas de una sociedad que no les desea.
No conozco una afirmación más reaccionaria – contra todo lo que se diga- que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo.
Y es una vergüenza para los anarquistas levantar la bandera de ese pretendido derecho. Y más aún, que se deje a la derecha económica y clerical que monopolice la oposición al mismo, a sabiendas que ellos no tienen ninguna sensibilidad ni por el no nacido, ni por nada.

Es necesario que nos planteemos con valentía y rigor de una vez ese tema en el anarquismo: la vida humana es un valor supremo desde su comienzo, tras la concepción. Y a partir de esta afirmación tenemos que desarrollar una acción coherente contra el hecho real del aborto.
Los anarquistas no debemos aceptar que el vientre de la madre “sea el lugar más peligroso del mundo para el hijo”. Debemos hacer que sea el lugar que la naturaleza ha hecho que sea: el lugar más protegido. Y que la sociedad entera lo sea también, para la madre y para los niños, antes y después de nacer.
Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados del moderno “progresismo”. Hoy es casi inconcebible un izquierdista antiabortista. Para los mortícolas, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado. Para los luchadores sociales de mediados del siglo 19, ser progresista respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después se añadió a la agenda la defensa de la naturaleza. Pero surgió el problema del aborto y, ante él, toda la izquierda incluido el anarquismo vaciló.
Los anarquistas siempre supimos que el débil era el obrero, frente al patrono, el niño frente al adulto, el indio frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el antiguo anarquista, eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario anarquista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejor su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante.
Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el anarquismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del cholo, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada.
Porque si el anarquismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social… ¿qué pinto yo aquí?. Porque para estos anarquistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.
Al parecer, denunciar la condición criminal del aborto constituye un síntoma de adhesión a la “derecha reaccionaria”; lo progresista es acatar la barbarie, bendecirla o al menos transigir pudorosamente con ella, como si la barbarie fuese algo que no nos atañe, como si el aire que respiramos no estuviese infectado con sus miasmas.
Pensaba que podía escribir un alegato antiabortista remitiéndome a información científica tan especializada y técnica que fuese inapelable. Lamentablemente no puedo. Todo esto viene a cuento porque hace algunos meses en una conversación muy causal sobre el tema del aborto el compañero Jesús Cossio me respondió entre cínico y displicente que los antiabortistas sólo tenían argumentos seudo morales o moralistas para oponerse a este derecho. En ese momento no supe que responder, pero ahora respondo desde aquí y quisiera que alguien me explicase con argumentos morales por qué condenar el aborto constituye un ademán reaccionario. Y que me explicara también por qué la defensa de la muerte, la impía negación del futuro constituye una muestra de progreso.
Si el progreso del hombre se ha cimentado sobre el respeto a la vida, sobre su indeclinable protección, sobre su condición de bien jurídico máximo e intangible, ¿por qué estas consideraciones se soslayan cuando nos enfrentamos al aborto? ¿Qué extraño estado de excepción justifica la abolición de esos ideales de progreso?
Uno sigue pensando que el anarquismo se resume en la vindicación de la vida. Pero los gobernantes, que se llenan la boca invocando el Estado de Derecho y demás paparruchas de boquilla, prefieren esquivar esta ignominia, o, en el colmo de la abyección, la enarbolan como pancarta para captar prosélitos. Ni siquiera haría falta aludir a un sentido trascendente de la vida para condenar el aborto; la mera biología nos enseña que la célula resultante de la concepción incorpora combinaciones genéticas propias. Causa espanto (y explica la índole hipócrita de nuestra enfermedad) comprobar cómo la misma sociedad que se subleva porque unos metaleros matan gallinas en rituales ridículos calla sórdidamente ante el exterminio discreto de tanta vida inerme.
Y causan espanto los circunloquios de cinismo que se emplean para mitigar la repugnancia de este exterminio, como esos estrafalarios “sistemas de plazos” que pretenden establecer la licitud o ilicitud del aborto dependiendo de las semanas de gestación, como si el mayor o menor tamaño del embrión delimitase diversos rangos de crimen; como si matar a un enano fuese más o menos delictivo que matar a alguien de un metro ochenta. Esta misma gente evade el debate cuando se le enfrenta a la tecnología médica que hoy permite mantener con vida a bebes prematuros con 6 o 5 meses de gestados.
Resulta una paradoja hiriente, amén de repulsiva, que precisamente hoy, cuando se promociona la solidaridad a la distancia, hayamos transigido con el aborto. Y, sobre todo, resulta infrahumano, tan infrahumano como caminar a cuatro patas.
El abortismo es la promoción masiva del asesinato de seres humanos en el seno materno apoyada en una trasnochada ideología neomaltusiana y eugenésica y en los pingües negocios de la industria abortera. Desde un falso feminismo se esgrime un derecho de la mujer, que en realidad es otra víctima del aborto, por las secuelas físicas, psíquicas y morales. Cuando el hijo o hija ya ha sido concebido y crece como ser humano, es inhumano invocar la libertad para matarlo. Matar a un ser humano nunca se justifica, máxime a un inocente lleno de vida. Un embrión o un feto humano no es un ser humano en potencia, sino un ser humano con muchas potencias. Y el ser humano no es sino el animal con más potencialidades.
Más que ningún otro tipo de injusticia social las del campo bioético han sido teñidas de un sofisticado entramado de manipulación verbal y mediática que ha hecho pasar por “progresistas” auténticas carnicerías humanas. La historia las juzgará retrógadas. Los organismos internacionales, los Estados, las multinacionales y los grupos sociales que hoy fomentan el abortismo y crímenes similares habrán de pedir perdón, como hoy se pide perdón por el esclavismo racista. De hecho, los “argumentos” de los negreros y de los abortistas son análogos.
Carente de argumentos científicos y éticos, la propaganda abortista y eugenésica se limita a enfocar la libertad de elección sin mencionar a las víctimas y los efectos secundarios, y a falsificar la imagen de los movimientos pro-vida. Elude el debate de fondo ante la opinión pública, a la que bombardea desde sus medios hegemónicos de comunicación hasta en los programas de apariencia banal con planteamientos descaradamente unilaterales. Incluso en congresos mundiales de bioética, que se presentan como plurales, se omite la cuestión del aborto. Los poderosos abortistas consideran consolidada su causa y prefieren evitar el debate. No obstante, insisten en que se globalice la declaración del aborto como un derecho humano para imponer sin discusión la libertad empresarial del aborto en todo el mundo.
En el mundo han sido innumerables veces regímenes de derecha, supercapitalistas, los que han legalizado el aborto. Han sido hombres como Robert McNamara -el del Vietnam y el Banco Mundial, quienes más han impulsado la aceptación del aborto, los que lo han impuesto como algo conveniente para el dominio del capital multinacional. Hitler lo negó para su “raza” aria, pero lo impuso para los demás bajo su dominio. Por el contrario hay vida en el óvulo fecundado.

viernes, 29 de junio de 2018

CREACIÓN DE FORJA | Sábado, 29 de junio de 1935 - Buenos Aires, Argentina.

Afiche de FORJA convocando a un acto en Buenos Aires.
Un importante grupo de jóvenes en su gran mayoría pertenecientes a la Unión Cívica Radical crean la agrupación política FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). Esta agrupación no tuvo participación directa de la vida partidaria de la UCR, la que se encontraba debatiendo el levantamiento de la abstención electoral impuesta en 1931 en franca oposición al sistema fraudulento que se había implantado en la argentina desde el golpe de estado al presidente Dr. Hipólito Yrigoyen.
La actividad de FORJA, creada con el fin de impulsar una postura política "yrigoyenista" que realizara una dura crítica de los gobiernos que asumieron el poder a partir del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, consistió fundamentalmente en la realización de investigaciones político - sociales que se publicaban mediante cuadernos, conferencias, actos callejeros y debates que se realizaban en su famoso sótano ubicado en Lavalle 1725 de la ciudad de Buenos Aires.
Por las filas de FORJA pasaron algunos de los más destacados intelectuales y pensadores argentinos de la época entre los que se destacaban Gabriel del Mazo, Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Raúl Scalabrini Ortiz y Homero Manzi, entre otros tantos. 
En 1945 tras el llamado a elecciones generales, que se realizarían el 24 de Febrero de 1946, FORJA se disuelve con el anunció que sus objetivos se habían satisfecho. Algunos de sus integrantes deciden apoyar la candidatura de Perón.
"Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre"
Lema de FORJA (1935-1945)

miércoles, 20 de junio de 2018

¿Por qué y cómo celebramos el Wiñoy Tripantu o We Tripantu? Por: Comunidad Autónoma Temucuicui.

Cuentan nuestros ancianos que nuestros antepasados se plantearon el descubrir y comprender los fenómenos y acontecimientos físicos que ocurren cada cierto tiempo en el universo y en la naturaleza. Uno de ellos fue el percatarse que existe un momento durante el cual el avance de la noche alcanza su máxima extensión. A partir de esa noche se produce un proceso inverso, es decir, los días se hacen más largos y las noches comienzan a disminuir. Esto, los antiguos lo llamaron Kiñe Pun Trekan Alka (la noche avanza a paso de gallo). A este punto cúlmine en la transformación del tiempo lo denominaron WIÑOY TRIPAN ANTU o WE TRIPANTU, esto ocurre en el tiempo de Pukem(invierno) para todos los que vivimos en este lugar del planeta, más allá de nuestro origen.
La ciencia ancestral mapuche llegó a determinar la fecha del We Tripantu guiándose por la observación de los fenómenos que ocurren en el universo, uno de ellos es la visión de un grupo de estrellas denominadas Gul Poñy -montón de papas o la gallina con sus pollitos (las Pléyades)- que en esa determinada noche se puede ver más cerca de la tierra. También influye en cambio de Kuyen (la luna) a la que se le atribuye la renovación de las fuerzas de las aguas. Otro elemento que influye es la presencia del Wunelfe , lucero del amanecer al cual se le atribuye la renovación de la flora, es decir de plantas y árboles que muestran sus Choyiñ (brotes); y por último, el regreso de Antu (sol) quien renueva el Kimun y Rakiduam del ser mapuche, la gente de la tierra.
La importancia de este momento para la vida mapuche se debe manifestar por medio de diversos ritos ancestrales. Es así como la tarde del día anterior, antes que el sol se ponga en el Lafken Mapu se inician los preparativos instalándose el Anum o Rewe que representa el árbol cósmico de la vida. Los invitados, familiares y amigos se congregan en el lugar de la ceremonia sagrada y con la llegada de la Machi o el Lonko, que tienen el rol de dirigir el ritual del Yeyipun , donde se invoca la intermediación de los ancestros sagrados para que el dueño de la gente y el cosmos Gnemapun, Elchen, Elmapun o Gnechen restablece a la comunicación espiritual con todos los que participan en el rito.
Al anochecer en sus ramadas o alrededor de un Kutral (fogón) se reúnen todos para compartir el Nutram (conversación) de los ancianos y sabios que cuentan hechos de nuestra historia y entregan conocimientos a los niños y jóvenes, también se hace Gulam (consejo) por parte de los Kimche (sabios) donde instruyen para que uno sea Kume Che ( buena gente), Nor Che (ser justo), Newen Che ( tener fuerza interior) y Kimche (sabio). Durante la noche se hacen Purrum (bailes), Ulkantun (canto) y Auakantun (juegos). Todo ello fortalece el espíritu comunitario y solidario que tiene el pueblo mapuche.
De madrugada, cuando aparecen las Gul Poñy, un grupo de estrellas, se anuncia la llegada del Wiñoy Tripan Antu o We Tripantu y se prepara la ceremonia sagrada del amanecer, el Gnillan Mawun. Luego, cuando aparece el Wunelfe -o lucero del alba- y antes que el sol salga por el horizonte, la gente se baña en el Leufu (río), Inan Lafken (lago) o cualquier lugar donde exista agua, simbolizando estar preparado tanto físicamente como espiritualmente para recibir la llegada del WIÑOY TRIPAN ANTU. El regreso del sol y de la luz trae junto con la renovación de la naturaleza el renacer del pensamiento y sabiduría mapuche.
Durante el día se realizan otros ritos de trascendencia para nosotros los mapuche, como pueblo. Uno de ellos es el Lakutun , que consiste en otorgar al niño o niña un nombre que lo vincule con su Kupalme (origen), dándole su particularidad individual dentro del conjunto. También se realiza el rito del Katan Pilun (perforación de las orejas) donde la niña recibe sus primeros Chaway (aros) y su vestimenta tradicional.
Es necesario anunciar que estos y otros conocimientos se vieron gravemente amenazados. A la luz de la sabiduría originaria siguió la oscuridad de la invasión, la conquista y la evangelización, comienzo de un periodo de sufrimiento dolor y tristeza, transformando el desarrollo de nuestra sociedad y el libre andar de nuestra espiritualidad. Muestra de ello es el santoral que se impuso a la celebración del WIÑOY TRIPAN ANTU, motivo por el cual muchos de nuestros hermanos festejan ese día como “un homenaje a San Juan”, desconociendo la trampa cultural que nos ha envuelto.
A pesar de todos los intentos de exterminio, asimilación y dominación, nuestra memoria histórica está viva Petu Moñeiñ, por que la sabiduría mapuche se expresa en Mapudungun, idioma de nuestro pueblo, es por ello que hemos resistido en la práctica y sentido del WIÑOY TRIPAN ANTU, porque desde aquí desarrollamos y proyectamos nuestra filosofía de vida como parte de un cosmos integral.
EL WIÑOY TRIPAN ANTU o WE TRIPANTU adquiere todo su sentido, coherencia y singularidad como fenómeno cósmico y natural, en tanto ocurre aquí, ese preciso momento, para todos los que habitamos y vivimos en este lugar del planeta, más allá de nuestro origen. Nuestro pueblo, al ser consciente de ello, lo valora y lo convierte en práctica sagrada, lo que nos vuelve parte del lugar. Igual actitud podría ser que asumieran nuestros hermanos no mapuche, para quienes el WIÑOY TRIPAN ANTU constituye una oportunidad de enraizarse según su propia particularidad como gente de la tierra.
La trascendencia del WIÑOY TRIPAN ANTU o WE TRIPANTU es que nosotros como parte de la naturaleza y un cosmos integral nos renovamos en nuestras fuerzas y conocimientos con la esperanza de un futuro mejor, por eso SOMOS EL WIÑOY TRIPAN ANTU.

CHEM ANTA WIÑOY TRIPAN ANTU? INCHIÑ TA WIÑOY TRIPAN ANTU.

viernes, 11 de mayo de 2018

Mugica-Nadra: el diálogo entre católicos y marxistas | Por Alberto Nadra.

Con la ayuda de Dios estaré dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas estén en la Iglesia. 
Carlos Mugica, “Dialogo entre católicos y marxistas”, Buenos Aires, 1965.

Un día como hoy, 11 de mayo de 1974, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) asesinaba al padre Carlos Mugica.

   Nueve años antes, el 18 de octubre de 1965, con apenas 13 años, sin alcanzar a comprender la trascendencia del momento, mezclado en una multitud que parada colmaba el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, escuchaba dos católicos, uno de ellos un joven  sacerdote de 35 años, entonces casi desconocido, el otro un dirigente universitario; y dos marxistas, uno de ellos mi padre, iniciar formalmente en la Argentina el “Dialogo entre católicos y marxistas”.

   Anoche, todavía conmovido por la marea de pañuelos blancos que desbordó masivamente la Plaza de Mayo para repudiar un nuevo intento de impunidad para los genocidas, comencé a ver en las redes los madrugadores recuerdos del sacerdote-mártir, y acudí a un folleto–hoy casi inhallable—que reproduce aquel dialogo entre Carlos Mugica, Guillermo Tedeschi, Juan Rosales y Fernando Nadra, .

   Es impactante la lectura de aquel diálogo, y por su profundidad y contundencia, irreproducible. Pero elijo algunas frases al azar:

CARLOS MUGICA

Antes de comenzar a leer mi breve contribución, quiero decir que siento una gran emoción de estar aquí junto a todos los que me acompañan, así sea porque sencillamente ni son anticomunistas ni son anticristianos, sino que precisamente están luchando en favor de algo para bien de un mundo nuevo, un mundo que todos queremos cambiar para que cada persona realmente pueda vivir como un ser humano y tenga toda la dignidad que merece, precisamente por ser humano.
La Iglesia vive tiempos de renovación y siente cada vez más la necesidad de abrirse a los hombres, de dialogar con ellos. Está en estado de revolución permanente, en función de un ideal futuro y que ya se está realizando ahora. Iniciado el diálogo con las otras religiones, ha llegado el momento de hacerlo tambièn con los hombres no creyentes, especialmente con aquellos que como nosotros los cristianos, desean un mundo nuevo en que haya verdadera paz y justicia para todos los hombres.
Por eso estamos aquí en esta aventura de intentar algo juntos, católicos y marxistas, sin ocultar nada, sin dejar de lado las profundas diferencias que doctrinariamente nos separan.
(…)
Así como nosotros los cristianos comprendemos ahora los valores del marxismo y reconocemos en ellos elementos entrañables de  nuestro cristianismo que más de una vez hemos ignorado, yo le pido a nuestros amigos  marxistas que con toda honestidad revisen su actitud para con los religiosos como ya lo están haciendo muchos despojados de todo sectarismo en las filas de ustedes.
(…)

Voy a decir algunas palabras que quizá me puedan traer inconvenientes, pro no me importa porque yo quiero servir a la verdad y al Evangelio, como creo que todos los que estamos aquí queremos servir a la verdad, y por eso siento en mi conciencia que tengo que decir que ha llegado el momento de que cortemos con una solidaridad que los hombres de la iglesia repudiamos: la solidaridad con el capitalismo y con cierta concepción de la propiedad privada. Con la ayuda de Dios estaré dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas estén en la Iglesia.

Casi inhallable, y con impactante vigencia,  reproduce el
intercambio entre catòlicos (Mugica y Tedeschi)
 y marxistas (Rosales y Nadra)



FERNANDO NADRA

Antes que nada quiero decir, como el Padre Mugica, que siento una profunda emoción.
Tengo dos razones para ello, que quiero exponer previamente: soy, como ustedes, un estudiante, un viejo estudiante si prefieren; he vivido en mis años universitarios las grandes jornadas de la lucha antifascista y ahora me siento cómodo en medio de una juventud tan entusiasta y valerosa; además –como signo de los tiempos—es la primera vez que ocupo la tribuna con amigos católicos, juntos a tantos católicos como los que están aquí, los que, como dijo el Padre Mugica, están dispuestos a tomar en serio el Evangelio y a construir en la tierra ese cielo con el cual tanto han soñado.
(…)
Este mismo diálogo y la lucha en común, por sobre las diferencias, forman parte de un vasto y profundo proceso que se ha reiniciado. Y que tiene sus antecedentes. El Padre Mugica ha citado a Thorez. E hizo bien. Porque el dirigente del Partido Comunista de Francia ya en 1936, formulo la llamada política de “mano tendida”, dirigida a los católicos, con el fin de luchar en común contra el fascismo y la invasión hitleriana.
(…)
Algunos se preguntan si esta unidad, en el diálogo y en la lucha, es solo circunstancial o puede durar mucho tiempo.
Es claro que tenemos un largo período de trabajo en común por delante. Debemos resolver juntos los problemas nacionales, que no son pocos. Debemos contribuir a crear juntos un nuevo tipo de gobierno, auténticamente democrático y popular. Debemos luchar juntos para terminar con la carestía de la vida, la miseria, la súperexplotación, la falta de libertades democráticas para todos; en una palabra debemos poner fin a las lacras sociales de las que habla el Padre Mugica. Juntos tenemos que terminar con la dependencia del imperialismo yanqui,  con las garras asfixiantes del FMI. Es decir, hay mucho que hacer juntos, y todo este trabajo que debemos realizar luchando y dialogando nos ofrece una larga perspectiva de unidad.


Pero, luego, tenemos que construir juntos una sociedad más avanzada y justa, que nosotros llamamos socialismo. Y debemos, entonces, estar unidos. La experiencia nos irá diciendo cuáles son las ideas mejores las que tienen mayor vigencia.